Lluvia de estrellas en los Picos de Europa

Pocas cosas se me antojan tan hermosas como un cielo estrellado de verdad. Allá por 2013 vi un cielo precioso en una playa de Tulum (Quintana Roo, México), y muchas veces antes en el Valle de Sedano (Burgos, España). Pero el cielo más bello que jamás he visto colgaba sobre los estirados Picos de Europa asturianos.

Estrellas en los Picos de Europa

Os pongo en situación. Mediados de agosto, viernes por la tarde en algún lugar de Cantabria. Es época de Perseidas y hace un tiempo buenísimo. Entonces se me ocurre, ¿y si subimos a dormir a los Lagos de Covadonga? Metemos los sacos de montaña en el coche, comida en la mochila de 20 litros, y ale, para Asturias.

Mi rover se queda en Covadonga. Son las 22:00 horas y empezamos a subir por una carretera que en ningún momento pierde desnivel. Sin prisa pero sin pausa. No hay hora de llegada, si muchas vacas de la curva que aparecen cuando menos te lo esperas. Doce kilómetros más tarde con la lengua fuera y tras superar estoicamente La Yesera llegamos. En algún lugar de la inmensa oscuridad duerme el lago Enol que no sabrá que estamos allí hasta la mañana.

Echo la esterilla en el primer sitio que me parece plano y sin boñigas. Estiro el saco y me cuelo dentro. Borracha de sueño abro los ojos y miro al cielo. Nítido, magnífico, infinito. La Vía Láctea lo parte con dulzura, como si no quisiera separarlo. Las estrellas parecen tener más fuerza que nunca y las fugaces saltan aquí y allá a capricho, ajenas a quienes desde abajo las contemplamos maravillados. Y con este techo me duermo, ni se cuándo ni después de cuánto, sabiendo que la subida ha merecido la pena.

AMANECER EN EL LAGO ENOL

Me despierto con resaca de agujetas antes de que asomen los primeros rayos del sol, medio resbalada en el sitio que de madrugada me pareció plano (y que por supuesto no lo es). El pequeño gran lago de agua virgen espera el amanecer a mis pies. La montaña y su reflejo empiezan a desperezarse. La estampa es inolvidable y mía, apenas nadie más se encuentra allí en ese momento. Somos yo, el paisaje, mi colega aún dormido y el ejército de vacas que nos vigilia.

El coste de este viaje que duró una noche más e incluyó una ruta hasta Vega de Ario fue 50 euros contado gasolina, víveres, café, cerveza, y un fallido intento de comer un filete de vaca feliz de los Picos de Europa de vuelta a la civilización. Allí, a más de 1.200 metros de altura aprendí tres cosas: que si pones una toalla de Decatlón encima del saco este no se moja; que la bruma nocturna de los lagos se evapora tras la media noche; y que los momentos únicos de una vida no pueden comprarse con dinero.

Amanecer en el Lago Enol

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2 comentarios en “Lluvia de estrellas en los Picos de Europa

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