Son las tres de la mañana en Delhi (de mi primera noche en la India)

Son las tres de la mañana en Delhi y mi amiga descansa tras más de 15 horas de viaje. Yo no puedo dormir. Los nervios se han hecho fuertes en mi estómago, se esfuerzan con éxito por mantenerme en vela. Mi cabeza cuenta los minutos que quedan para que un taxi me saque del antro del Pahar Ganj donde he ido a caer y me lleve hasta lo que intuyo una confusa estación de tren situada en el barrio musulman de la ciudad. Allí esperamos tomar un tren que nos deje a los pies del Himalaya, en la ciudad sagrada de Haridwar.

Mis cosas en la habitación horrible de Pahar Ganj

El llamado “barrio de los trotamundos por excelencia” dista mucho de ser tan alegre y colorido como reza mi guía. Al menos no lo es a media noche (hora por otra parte poco recomendable para ir a ningún sitio supongo). A estas horas no recomendaría venir aquí ni a mi peor enemigo. Y si lo hago le diré que no venga solo.

En cuanto el taxi –cuyo conductor se quedaba dormido pero no ha intentado timarnos– nos ha dejado en la estación [New Delhi Railway Stationmultitud de oportunistas nos han identificado como presa fácil de la noche (con toda la razón del mundo). Han intentado llevarnos, traernos, subirnos a no sé donde a buscar no sé qué tarjeta de no sé cual (con una explicación más o menos como esta). La policía paró al último, un joven muy bien vestido con camisa y vaqueros, amable y educado. Parecía de fiar.

Dos indicaciones con desgana por parte de un militar (aquí parece que hay militares por todas partes) y hemos conseguido llegar hasta la boca de nuestra calle entre un mar de personas que dormía a la intemperie. Nuestra calle, Main Bazaar, una principal a la que no nos hemos atrevido a entrar solas. Primera lección de la India: si no te fías de la policía, ni de los taxis, ni de los rickshaw, ni de las calles y son las 0:00 horas en Pahar Ganj estás jodida. Y eso es lo que va a pasarte si te plantas de buenas a primeras en Delhi a media noche.

Mapa Main Bazaar, Nueva Delhi (India)

Pero como todo tiene arreglo menos la muerte y, sobre todo, como la peor de las ideas era quedarse quieto a merced de la noche, respiramos hondo y tiramos para delante. Un chavalito de entre 13 y 16 años bien alimentado que pasaba por allí se ha ofrecido a acompañarnos “porque a esas horas la calle no era muy segura para chicas”. Me ha recordado a mi hermano. He pensado que mi hermano es bueno, que seguro que aquel chico también lo era. Cada uno se engaña como quiere para continuar.

Y así, dándole palíque a como se llamara (que por cierto se fue sin pedir nada, ¡cómo de pardillas nos debió ver!) entre edificios destartalados como solo antes había visto en películas bélicas, locutorios 24 horas, y conductores de transportes varios, hemos llegado hasta las escaleras de uno de esos sitios que omitiré describir a mis padres a la vuelta: el Hostel Payal, sin duda el peor alojamiento por el que he pasado nunca (incluyendo aquel sótano de Amsterdam que olía a pies, tenía duchas negras y carteles de “no dejen comida para que no vengan las ratas” [véase como mi mente conecta con el Marnix Hotel en cuanto aparece una habitación horrible]).

En estos momentos, queda poco más de media hora para salir de aquí. Tras 15 minutos presionando al sonriente indio del mostrador ‘ha encontrado’ los billetes de tren que el amable contacto de Ana ha comprado para nosotras –¡Visnú la recompense en hijas!–. Hemos cerrado un taxi para las 4:15 por más del triple del valor que tiene y el precio sigue siendo ridículo. No me importa, lo acepto, solo quiero salir de aquí, enfrentarme a Nizamuddin Station, saltar dentro del tren y luchar por un asiento o hueco que me de entrada a la ciudad sagrada.

Tic, tac. Tic, tac. Cuando emprendas tu camino a Ítaca pide que el viaje sea largo, lleno de lleno de aventuras, lleno de experiencias que diría el poeta. Y que tenga un final feliz, añadiría yo.

(*) NOTA: Este texto fue escrito la madrugada del 4 de agosto de 2012. Acababa de aterrizar en Nueva Delhi. Era mi primera vez en la India y en Asia. Pintaba en vela sobre un cuaderno, tumbada sobre el oscuro colchón del Hotel Payal. Contaba por entonces 27 años, y estaba tan en shock que no tomé ni fotos del cuarto más que la que ilustra este post (que podría ser de ese cuarto o de cualquiera). Me pregunto qué sentiría ahora si volviera a caer en este mismo lugar.

Vuelos baratos a todos sitios

6 comentarios en “Son las tres de la mañana en Delhi (de mi primera noche en la India)

  1. Si fuera ahora te descojonarías con el cutre sitio y te pondrías a pensar en como titular el post: ¿El hostel que no recomendarías ni a tu peor enemigo? ¿Mejor dormir en la estación de tren que en este sitio? Igual tienes que volver a la India 😛

  2. Hola! leo tu entrada y, sinceramente, lo único que puedo hacer el sonreír. Volví de un viaje de casi tres mese por el subcontinente hace poco. Aterricé en Delhi, a las 5 de la mañana, me hospedé en el Paharganj, en un hotel destartalado, no se ni cómo hice para llegar a mi hotel, perdido por cerca de dos horas por el lugar, presa de todos los caza-clientes posibles. Todo lo que describes, igualito, nos ha pasado a muchos. Al menos a los que tenemos la suerte de aterrizar en la madrugada. Y si, es algo así como un trauma al principio, en dónde lo único que quieres es salir corriendo por tu vida. Pero lo que quiero decirte es que después volví, al final de mi viaje y no fue igual. La gente me pareció sonriente, el ambiente alegre y lleno de bazarcitos y cafés. Nadie me molestó más y hasta me la pasé bien. No te dejes llevar por esa primera impresión, que es fuerte, sí, pero que no es tan cierta como crees. Es solo que no hay nada que te prepara para India. Saludos desde México!

    1. Gracias por tu comentario David. Me ha sacado una sonrisa 😉

      Creo que tienes toda la razón del mundo. No hay nada que te prepare para la India y creo, en el fondo, que es bueno. Aprendí mucho de esta experiencia. Creo que si volviera a India me pasaría igual que a ti, que la vería con otros ojos, no la sentiría tan ‘va a acabar conmigo’ y la disfrutaría mil. Ojalá me lleve otra vez pronto el destino por allí. Saludos desde España.

  3. Paharganj, vaya agujero negro en el que vamos cayendo todos… yo no caíbde noche, pero sí en invierno. Aquello era el mismísimo infierno…

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