“¡Buenos días Gernika!”, visitamos una de las salas más emblemáticas del Museo Reina Sofía de Madrid

He de confesar que no me gustan los museos. Quiero decir, no me va eso de “venga, al Prado” e intentar ver el sitio entero. Algo, obviamente, imposible. Respeto a quien lo hace y lo entiendo. Normalmente no tenemos todo el tiempo que nos gustaría para perdernos entre cuadros y esculturas. Pero cuando visito una obra de arte, una galería, una iglesia o un jardín me gusta poder pararme, mirar, leer y pensar. Más vale poco y bien que mucho y mal.

Así que hoy, más que visitar el Reina Sofía, debería decir que he vagado por parte de la segunda planta del Museo Reina Sofía. Sí, la del Guernica. Y lo que he encontrado me ha sorprendido gratamente. Miró, Picasso, Calder, Schlemmer, propaganda de guerra de ambos bandos y proyecciones de la Guerra Civil Española (1936 – 1939). Y si, allí en la 206 estaba “el cuadro”, una perfecta síntesis del post-cubismo y el surrealismo simbólico que se ha convertido en estandarte del sentimiento antibélico, la lucha por la libertad y la resistencia al fascismo, como rezan las guías.

Pero la anécdota no está ni en tecnicismos ni en pensamientos profundos, que están muy bien, pero no son divertidos. Resulta que allí en la sala se sentaban un grupo de unos quince niños, de cinco o seis años calculo, y una amable señorita les explicaba la escena.

“En el centro hay un caballo y está sufriendo mucho porque está muy herido, ¿sabéis a quién representa?”. “¡A dios!”, replica un entusiasmado pequeño alzando la mano. Mmm… Bueno… No, no es dios, explica la mujer, “es el pueblo de Guernica, que está indefenso y muy triste, con mucho dolor. Y, ¿veis? Sobre la cabeza del caballo hay una bombilla que parece que va a estallar, ¿sabéis a quién representa?” “¡A dios!”, contesta rápidamente otra niña. Ahí lo he dejado, no podía más. Que graciosos. Me ha encantado la iniciativa de intentar acercar a los niños, de forma didáctica y tranquila, un cuadro tan complejo.

Dicen que el dolor provocado por el bombardeo del pueblo vasco aquel 26 de Abril de 1937 tornado en cuadro de forma tan plástica por el pincel de Picasso sirve para ilustrar cualquier masacre indiscriminada. Por ejemplo, se me ocurre, podría ser hoy la imagen del Aaiún donde Marruecos no deja entrar periodistas para evitarse testigos de las atrocidades sobre el pueblo saharaui.

Siempre he pensado que si aprendemos del pasado podremos corregir los errores del futuro. Si queremos aprender y queremos corregirlos, claro. Espero que esos niños se quedaran con algo esta mañana pero, sobre todo, que entendieran que dios no estaba en ese cuadro como no podría estar nunca, si existiera, en ninguna guerra.

#POSTAMIGO

Una mañana en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, por Víctor Ferrando

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