Que el fin del mundo me pille en Tailandia

Cada vez encuentro más personas, maravillosas todas ellas, que no se conforman con interpretar el papel que la vida les ha adjudicado por defecto. Observo como a pesar de la crisis, la falta de oportunidades y de bla, bla, bla hay individuos increíbles, con talentos inconmensurables, que se esfuerzan por cumplir sus objetivos más allá de lo que se espera de ellos, de lo que el mundo dice que deberían hacer. A veces comparto sus sueños, como es el caso de quienes aman contar historias; a veces sus metas me son cercanas, me pasa con la gente que adora viajar.

Cristina E. Lozano escribiendo en Rishikesh (India)

Me encanta ver como Paula Vilella, mi compi de pupitre en la facultad, ha sabido hacerse un hueco a un océano de distancia. Ahora sus relatos tienen sabor uruguayo pero no han perdido una pizca de frescura, de compromiso, de hagamos de este un mundo mejor. Y disfruto cada vez que publica un reportaje Dani Burgui, un pamplonés capaz de irse al los lugares más remotos para dar voz a quien no la tiene. Sus historias, muchas veces duras, además de estar escritas de forma magistral acostumbran a dejar una puerta abierta a la esperanza. A estas y a algunas pequeñas grandes plumas más debo no haber perdido la fe en el periodismo, en que merece la pena intentar vivir de contar historias.

Mi cuento no es original, sé que muchos han pasado por lo mismo o similar. Desde que tengo memoria he querido ser periodista. Podía haber escogido cualquier otra carrera, pero yo solo quería ser reportera, quería y quiero escribir por encima de todas las cosas. Sé que es difícil de entender por qué alguien se empeña en luchar por conseguir un curro malísimamente pagado (cuando está pagado), horarios infernales y un reconocimiento frecuentemente inexistente por parte de superiores, colegas y el resto de la sociedad. En realidad nadie quiere eso, lo que quiere es escribir porque para el o para ella resulta tan necesario como respirar aunque no pueda explicar por qué, aunque le sea difícil justificarlo en términos políticamente correctos.

ME MARCHO A TAILANDIA

Lo he pensado mucho, me ha costado tomar la decisión y aún más juntar el dinero del vuelo. Pero estoy harta de telediarios agoreros, de políticos corruptos que hablan a través de plasmas y de escuchar la cantinela de esto cambiará. Nunca he visto las cosas tan claras como ahora: si quieres algo ve a por ello porque si esperas de brazos cruzados que la vida te lo sirva vas listo. ¿Quieres hacer algo? Hazlo, no habrá mejor momento que ya.

Por eso, sin ningún tipo de rencor hacia mi país pero pensando que buena parte de sus gobernantes se merecen una guillotina, me largo a Asia tres meses. Porque si el fin del mundo que vaticinan los noticieros está por llegar, a mi que me pille en Tailandia donde intuyo que además de playas de película hay un sin fin de historias por contar. Si, estoy ciertamente nerviosa, pero soy infinitamente feliz.

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12 comentarios en “Que el fin del mundo me pille en Tailandia

  1. Que la experiencia en ese amable e interesantísimo país del sudeste asiático sea altamente positiva para ti y que cuando regreses a este gris rincón europeo traigas en tu mochila kilos de buenas vibraciones y ese sin fin de historias para contar. Aquí estaremos para leerlas, aunque espero que durante estos tres meses nos sigas regalando pildoritas para ir abriendo boca. Que lo disfrutes mucho 🙂

  2. Me encanta, Cristina, como siempre y solo te digo que «Bravo por ti». La verdad es que no me imaginaba que cuando aquella vez me preguntaste en las escaleras del TBM por mi viaje a Tailandia, que tu viaje sería así, tres maravillosos meses que serán inolvidables. No sabes lo que te envidio ahora.

    Feliz viaje, feliz estancia y feliz aventura. Te seguimos desde aquí.

    1. No me envides María, ¡vuelve! Así me enseñas los trucos de Tailandia y no tengo que aprenderlos yo sola 😉

      PD. Mira que me quedé con ganas de seguir charlando contigo. Ojalá las escaleras hubiesen sido más largas xD

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