POLONIA, cuaderno de bitácora

Generalmente los viajeros-bloggeros o como nos queráis llamar vamos recogiendo experiencias a lo largo del camino para contároslas luego a la vuelta en nuestras webs. Pero, ¿Y si os dijera que estos días podéis viajar en mi mochila ‘al momento’? Os invito a seguir mis pasos ‘en directo’ por Polonia sin necesidad de recurrir a Twitter, Facebook o Instagram. Prometo actualizaros a diario (en la medida de lo posible). Así comienza mi aventura polaca. ¿Me acompañáis?

1. Madrid – Cracovia / 2. Minas de Sal de Wieliczka / 3. Auschwitz-Birkenau – Rivera del Wisla / 4. Cracovia – Varsovia / 5. Barrio de Mitow, recuerdos judíos y vodka / 6. TreblinkaPraga y awanturca para cenar / 7. Varsovia / 8, 9, 10 y 11. Boleslawiec / 12. Nieve en Wroclaw / 13. Wroclaw (¡vamos al zoo!) – Cracovia

Día 1. Madrid – Cracovia. 6.10 horas. Comienza a avanzar la cola de embarque de mi avión. Por lo visto hay muchas personas que quieren ir a Polonia porque aquí hay más gente que en la guerra. Será que Polonia mola mucho o algo. 6.30 horas. Ya estamos sentaditos en los super confortables y espaciosos asientos de Ryanair (ironía, ironía). Un vuelo más me toca llevar la mochila entre las piernas. En fin, que todos los males sean así. 12.42 horas. Aterrizada en Cracovia sana y salva. Hace frío pero no infinito, el día está gris pero ni llueve ni nieva. Sin perder un minuto más cojo la bici que me han prestado en el Moon Hostel y me voy a descubrir la ciudad. 21:26 horas. Cracovia no es en absoluto como me esperaba. La cuidad que presume de albergar uno de los 10 cascos antiguos más hermosos del mundo tiene un lado bien oscuro en el que suburbios en ruinas dejan constancia de un pasado trágico y quizá demasiado vívido aún. No quiero decir que el lugar me está decepcionando. Más bien todo lo contrario. Cada tres pasos encuentro algo que me sorprende y eso me encanta. Como me encanta su iluminación tenue que insinua sin acabar de enseñar; y sus callejones y su historia, por duras y grises que en ocasiones puedan resultar.

Día 2. Minas de Sal de Wieliczka – Cracovia centro. 8:30 horas. Té negro y tostadas de satatka (una guarrería inglesa) para desayunar. Una forma de empezar la mañana más British que polaca pero está bien así. Veo el tiempo: la posibilidad de que nieve es muy alta. Estoy en Cracovia, es aún invierno, me hace ilusión que nieve. Además ya he visto que este frío uniforme soy capaz de llevarlo bien (la mínima no baja de -2, no es para tanto). Mientras espero los copos me voy de paseo a las Minas de Sal de Wieliczka. 19:54 horas. Aunque menos blancas de lo que imaginaba las Minas de Wieliczka son una visita interesante. No son Moria pero a veces lo parecen (momento friki). Más de 100 metros he descendido hoy. Unos 800 escalones que, junto con las agujetas que empiezo a tener de la bici, espero no me dejen para el arrastre. Como ha quedado un día fantástico (¡¿Qué nieve ni qué nieve?!) de vuelta en la ciudad me he dedicado a ser un poco biciclista. Como sospechaba Cracovia gana muchísimo con sol. Ahora entiendo perfectamente eso de uno de los cascos viejos más bonitos del mundo. Y, por si fuera poco, este lugar está lleno de recovecos secretos, galerías de arte, pintores callejeros, cafés oscuros y librerías curiosas. Así, ¿Cómo no me va a gustar? Menos mal que no hay músicos (a ver quién es el valiente que se atreve a tocar la guitarra en la calle con el frío que hace). Si no igual me tenía que quedar.

Día 3. Oswiecim-Brzezinka (Auschwitz-Birkenau) – Rivera del Wisla. 7:01 horas. Parece que va a salir el sol (el tiempo de Google no acierta en Polonia). Hoy toca ‘excursión’ a un sitio del que he leído mucho (momento historiadora). De camino cambiaré las Leyendas de Cracovia de Wydawnictwo Bona por el Si esto es un hombre de Primo Levi para ir tomando perspectiva. 20:40 horas. Estaba decidida a no dejarme impresionar por Auschwitz-Birkenau y, mayormente, así ha sido. Más que lo que esta mañana he tenido oportunidad de ver me impactaron en su día los relatos de sus supervivientes y verdugos. No obstante, tres cosas me han llamado la atención de este campo de concentración y exterminio: el frío que hacía (y dolía), su inmensidad y lo ordenadísimo que está. Ayer me decían tres telecos indios que visitaban Europa por primera vez que el viejo continente era como lo esperaban por las películas que de él habían visto. Algo así me ha pasado a mi con Auschwitz-Birkenau, se me ha parecido demasiado a lo que la gran pantalla ya me había enseñado. Me costaba creer que todas las atrocidades que he leído (y que sin duda alguna tuvieron lugar) se hubieran cometido allí, en ese campo de barracones cuidadosamente ordenados por los que yo podía pasear libremente, como Pedro por su casa. Más surrealista aún me ha resultado ver a decenas de judíos paseando súper contentos por allí, enrollados en su bandera nacional y haciendo chistes y fotos. No entiendo cómo a un judío le pueden quedar ganas de volver a un sito como este y menos de cháchara.

Desde el punto de vista de la presentación le doy a Auschwitz un 10: pese a la ‘propaganda nacionalista’ las exposiciones contextualizan muy bien las instalaciones visitables  (y hablan de más cosas que ‘judios’) y los carteles exteriores permiten identificar rápidamente los elementos de las calles. Eso sí, he echado de menos una referencia al burdel, porque haberlo lo hubo, aunque aquí no se hable de él. Y así he pasado el día hasta que un autobús me ha devuelto a Cracovia, de donde no he querido marchar sin despedirme del Castillo de Wawel que me esperaba majestuoso junto al río Wisla en compañía de su ahora pétreo y ya no temido dragón. Un paseo muy bonito, un poco oscuro, pero no lo suficiente para asustar a una chica con bici.

Día 4. Cracovia – Varsovia. 7:42 horas. Esta mañana toca viajar. Destino Varsovia, capital de Polonia. Cinco horitas y media de autobús. Qué pereza. 10:57 horas. Acabo de descubrir que mi autobús tiene WIFI. ¡Viva! ¡Viva! 16:50 horas. Ya estoy en Varsovia. Primera impresión: no parece que esté tan mal. Hay un cielo azul increíble y hasta hace ‘calor’, esto es, por primera vez desde que comencé el viaje no tengo que llevar guantes. Mi Helvetia Hostel no tiene bicicletas gratis pero está en el centro centrísimo. Sospecho que no me van a hacer falta. ¡Ah! Y, además, mi ordenador vuelve a funcionar así que, con un poco de suerte, en unas horitas os subo unas fotos. 22:42 horas. ¿Quién dijo que Varsovia no merecía la pena? Llevo aquí solo unas horas y mi previsión es clara: esta ciudad promete. Sin proponérmelo vi un estadio cambiar de color sobre el Wisla, paseé por un muy bien reconstruido Stare Miasto y me colé en el concierto de un tal Michar Rogalski. Sí, yo tampoco tengo ni idea de quién es este notas, pero su música me ha llamado desde la calle y en el In Decks he acabado, Tyskie en mano y acordes al oído, pensando, entre otras cosas, “menos mal que no escuché a quien me dijo ‘no vayas a Varsovia, allí no hay nada que hacer’“.

Día 5. Barrio de Mitow, recuerdos judíos y vodka. 15:47 horas. Me hubiera gustado actualizaros esta mañana pero un inglés borracho se ha colado en mi habitación y entre echarle y no echarle ha dado la hora de desayunar. Así que hoy el té me lo he tomado mientras uno de Birmingham que llevaba un pedo que no veas me cantaba la alineación del Athletic y me intentaba convencer de que Enrique Iglesias era vasco. Teníais que haberle visto intentando sacar su bolsita de té, primero con una espumadera, después metiendo la mano en el agua hirviendo. En fin, cosas que pasan en los hostels. Después de esta experiencia me he calzado y he salido a buscar las trazas que la guerra dejó en la ciudad. Los nazis me lo han puesto difícil: en su momento derribaron el 85% de sus edificios (por lo visto Hitler se empeñó hacer de Varsovia un lago). Quien mire con atención en Mitow podrá apreciar las cicatrices dejadas por el gueto y, si decide entrar al cementerio, se dará cuenta que demasiadas lápidas se fechan entre 1944 y 1945. 23.19 horas. Varsovia no me gusta, ¡Me encanta! Esta tarde mi amigo Jurek me ha mostrado los encantos culinarios de la ciudad así como un montón de garitos para beber vodka. Vodka de frutas con zumo detrás, no os asustéis (demasiado). Bien bueno. ¿Sabéis que en plena Nowy Swiat -la Gran Vía de la ciudad- hay un garito para comer y beber abierto 24 horas? Estoy descubriendo un montón de cosas de Varsovia. Entre ellas que es un lugar que sí merece la pena visitar.

Día 6. Treblinka – Praga y awanturca para cenar. Llegar hasta lo que fuera el campo de exterminio de Treblinka ha sido toda una aventura. ¡Riéte tú de Ulises e Ítaca! Eso sí, una aventura que me ha servido para renovar mi fe en la ‘providencia viajera’: cuando pensaba que iba a tener que echar la mañana en Malkinia ha aparecido de la nada un señor taxista que, ¡tachán! Me ha llevado justo donde quería (y ajustándose a mi presupuesto). Poco queda de lo que fuera el campo de exterminio de Treblinka donde, entre 1942 y 1943, fueron deportadas y asesinadas más de 800.000 personas (y esa es la cifra propuesta más baja). De hecho este campo es el segundo más importante de Polonia, solo superado por Auschwitz que, en realidad, en un principio fue ideado para la concentración aunque luego evolucioara ya sabemos cómo. Un enorme memorial de lápidas sin nombre se ubica en el corazón del bosque, estos días aún nevado, en recuerdo de quienes allí les fue tan cruelmente arrebatada la vida.

El tren de vuelta me ha dejado en Praga. No en la Praga de República Checa sino en la Praga de Varsovia, esto es, al otro lado del Wisla. Es este un barrio lleno de artistas con un parque inmenso, ideal para ver el atardecer sobre el río. Esta sí que es la parte vieja de Varsovia y, por no estar originalmente incluída en la ciudad, aún conserva edificio y catedrales construídos antes del 1939. Aunque poco recomendable de noche merece la pena darse una paseo de día. Y sí, aquí está el enorme Estadio Nacional de Fútbol (el de los colorines de la Eurocopa). 23:00 horas. La ruta culinaria por la capital polaca continúa. Después de la ‘super parrillada de carnes típicas de la zona’ de anoche hoy ha llegado el turno de tomar awanturka, una suerte de txaka a base de caballa. Muy buena la verdad. Además tomada en un bar que recuerda los tiempos comunistas: música de la época, periódicos de aquellos años colgados de las paredes… Un sitio curioso, sí señor. Desde luego no hay nada mejor para descubrir un lugar que tener un guía de la zona.

Día 7. Varsovia – Boleslawiec. 7:11 horas. Ojo abiero. Pensando Uprising Museum, Mokotow, kebab más bueno del mundo… ZzzzZZZzzZzZ… Desperezando… ZZzzZ… 7:39 hora. Acabo de ser consciente de que entre Varsovia y Boleslawiec hay 600 kilómetros. Así por la mañana parece como mucho. ZzzzZZzz… Necesito un café. 8:15 horas: Mmm… Café. 22:37 horas. Hoy he tenido un día fantástico con museo guerrero, mercadillo polaco, mil graffitis, el mejor kebab del mundo, un piano para cruzar la calle, alguna que otra librería y, sobre todo, un reencuentro muy especial que me ha llevado hasta un par de garitos underground (algunos literalmente) de lo más chulo. Y ahora os dejo porque tengo un país que cruzar en tren (santa pereza).

Día 8. Boleslawiec. 7:22 horas. Buenos días desde la Estación de Tren de Wroclaw. Después de seis horas y media de viaje aquí estoy, esperando el enlace que me lleve a Boleslawiec. Aún me quedan dos horas de camino pero, de momento, el viaje no ha ido mal. De hecho he dormido a ratitos y casi, casi tumbada (rollo contorsionista en mi vagón para ocho en el que viajábamos seis). ¿Lo mejor de todo? Que en la próxima estación me espera mi amiga Magdalena, una de las razones principales que me han llevado a emprender este viaje. Estoy deseando verla y decirle ‘gindobre’ nena, preséntame esa vida polaca que nada tiene que ver con la que hacíamos en Inglaterra.

Día 9. Bileslawiec. 10:50 horas. Creo que este fin de semana me lo tomo de ‘vacaciones’. Ser la tía Cristina requiere toda mi atención. No os imaginaís cuan mono es el pequeño Wiktor. No osbtante Magda me ha hecho algunas sugerencias para estos próximos días. Estamos cerquísima de la frontera con República Checa. Comienza a tomar fuerza la idea de incursión en Praga.

Día 10. 20:40 horas. Deseche la idea de visitar Praga tan pronto fui consciente de que iba a llevarme al menos cinco horas ir y cinco volver (en transporte publico a este país le queda mucho que mejorar, las conexiones son un poco lentas). Decision correcta: esta mañana me he despertado y todo estaba nevado. ¡Qué ilusión! Creo que nunca antes habia visto nevar asi y, la verdad, es invierno en Polonia, irme sin tocar nieve me daba mucha rabia. Eso sí, agradezco infinito que me haya pillado perdida en la baja Silesia y no en Cracovia o Varsovia, ciudades que tienen mucho mas que ver y patear. La vida es tranquila y blanca en Boleslawiec. Aquí una enorme plaza del mercado nevada, alla un estanque rodeado de arbolillos helados. Es como pasear por un cuento de Navidad pero sin pajarillos cantando por las esquinas. Con nieve todo parece mas bonito (especialmente cuando no tienes que soportarla con regularidad). Ahora, ¡Madre mía que frío! Aunque nada que no se solucione acortando el paseo y reponiendo fuerzas con un trozo de pastel (la reposteria polaca es de 10, a este paso vuelvo a España rodando) y un capuccino con Amaretto  (el descubrimiento cafetil del viaje). El tiempo tiene pinta de seguir igual mañana. Cinco centrimetros de nieve sobre los que saltara y seguir congelandome los pies. Una vez al año no hace mucho daño. De hecho me esta gustando.

Día 11. Boleslawiec. 23:30 horas. Me he despedido de este pequeño pueblo de la baja Silesia bailando flamenco con mucho arte (ironía, ironía). Sabía yo que con una amiga que da clases de flamenco no me libraba (aunque tenía la esperanza).

Día 12. Nieve en Wroclaw. 10:50 horas. Ya estoy en Wroclaw (que se pronuncia ‘Brosuaf’ o algo así). Primer acierto: elegir el Hostel Babel para alojarme (justo al lado de las Estaciones de autobús y tren). Primera desgracia: el marido de Magdalena me ha llevado en coche hasta la estación y hemos tenido un pequeñito accidente. La nieve, sí, conducir con este tiempo es como hacerlo en una pista de patinaje sobre hielo (creo). Pero nada importante. De hecho solo nos hemos rozado con un hooligan polaco que creo que quiere una mano nueva de pintura. ¡Menudo geta! De verdad que el  coche no tenía nada. En fin. Espero que no me engañen a Pietre y no tenga que pagar al kinki ese ni un ‘zloty’. Por su parte Wroclaw tiene buena pinta. Tengo unas indicaciones locales que prometen. Espero no congelarme por el camino. 19:00 horas. Wroclaw me recuerda un poco a Cracovia. Quizá por su ambiente universitario, quizá por su colorido Rynek Glowny.

Parece acogedora, y eso que no tengo bici y hace un frío que no veas. Como estoy al final del viaje y esta ciudad no entraba al ciento por ciento en mis planes (vale, sí, he acabo aquí así un poco de aquella manera) la dejo que me lleve donde quiera. Además me contaron unas cuentas cosas allá en Boleslawiec y eso, sumado a la Guía Spy que he conseguido (digna de leer, estoy convencida de que algunas partes las escribe un borracho), me dan un contexto bastante majo para ubicar lo que voy viendo. Y si no me lo da no importa, hay nieve por todos lados, parece Navidad, ¡Está todo precioso! (Momento Disney). El frío es intenso (aunque creo que podría ser bastante peor) pero está todo tan de cuento que merece la pena aguantar. Una vez al año no hace daño y, si veo que las manos me duelen mucho (se me enfría más la izquierda que la derecha y eso que la saco mucho menos del guante, ¿Será porque la otra la muevo más? Es mi ‘misterio sin resolver’ del día), siempre puedo colarme en alguna iglesia. Así he descubierto la de Santa María Magdalena, muy sencilla y cuca ella. ¿Y os he dicho ya que la Catedral de San Juan Bautista estaba nevada? Me encanta. Para un día, eso sí.

También me acerqué hoy hasta Panoramica Raclawicka que, a pesar de su marcado carácter propagandístico, me ha parecido impresionante. Digna de ver aunque para ello haya qie pagar entre 18 y 25 zlotys. Y he comido pierogis de tofu en un vegano. Buenísimos. 23:45 horas. Mi hostel es muy divertido. Es super chiquitín, extañamente familiar. Hoy en el salón había mucha expectación porque daban en directo el nombramiento del nuevo Papa (en la TV polaca, por supuesto en polaco). Los chinos no entendía nada, los polacos más mayores estaban expectantes y unas chicas europeas a-saber-tu-de-donde (aunque por el acento diría que parecían del Este) preguntando que por qué se elegía Papa ahora, que cuándo se había muerto el anterior. Luego ha llegado un coreano y una polaca que, por lo visto, no quiere trabajar con egipcios porque los egipcios no quieren trabajar, quieren encontrar una esposa polaca. De verdad, digno de ver. Desde luego este lugar hace honor a su nombre: es realmente una Torre de Babel.

Día 13. Wroclaw – Cracovia. 8:26 horas. Mañana a estas horas estaré a punto de tomar el avión que me regrese Madrid. Probablemente cansada después de pasar la noche en el aeropuerto y hasta las narices de esperar. Pero hoy es mi último día en Wroclaw, el último ‘aprovechable’ en Polonia, y ha salido el sol. La verdad es que he tenido una suerte increíble con el tiempo. Sol para terminar (y por supuesto frío, no os penséis). Esta mañana he decidido ir a ver el Hala Ludowa y, ¡Al zoo! Quizá hasta me encuentre con algún gnomo más. Son un símbolo de la resistencia de los wroclovers (así se llaman en inglés a las gentes de Wroclaw, no tengo ni idea de cómo traducirlo) contra el sistema comunista soviético y, se dice, que hay más de 15 escondidos por la ciudad. 15:40 horas. He visto flamencos en la nieve, camellos en la nieve, rinocerontes en la nieve, leones en la nieve, tigres en la nieve… ¡Están locos estos polacos! Os lo contaba en mi probablemente última actualización pero me cago en la leche. Se me ha borrado. Qué chufa. En fin, me voy a la estación. Con suerte en Cracovia volveré a encontrar WIFI.

EPÍLOGO. Como todo buen viaje mochilero que se precie, esta aventura termino con una fantástica noche en el aeropuerto, en este caso, en el de Cracovia (que por cierto no está nada mal para esperar). Me vuelvo encantada, con la sensación de pasar por un país que, a pesar de haber sido maltratado por unos y otros a lo largo de la historia, está sabiendo reconstruirse, unas veces en color, otras en blanco y negro. Me quedo con el gris barrio judío de Cracovia, la vida nocturna de Varsovia y los escenarios nevados de Wroclaw. Y me llevo un muy buen sabor de boca, culpa de todos los pierogis. awanturka, herbata y piwa que he ido tomando por el camino.

(*) AVISO: No puedo cerrar este Cuaderno de Bitácora sin dar un pequeño aviso. Polonia con nieve es preciosa pero también es muy fría. Si finalmente decides visitarla te recomiendo hacerlo en primavera, cuando el sol llena de color las enormes Rynek Glowny (Plazas del Mercado). Si no estás acostumbrado resulta muy bonito ver una ciudad nevada pero que te nieve 15 días (con sus respectivos 15 días de temperaturas bajo cero) no debe ser nada divertido. Ahora, si quieres descubrir cómo se vive el invierno en Europa del Este ya sabes, de octubre a febrero valiente.

22 comentarios en “POLONIA, cuaderno de bitácora

  1. Pingback: Entrevista a “Viaja en mi mochila” | Blog tripteria
  2. Lo prometido es deuda y ya me he leído los primeros días. Mis comentarios:
    – Wielizka: ¿no me digas que no chupaste pared para corroborar que era sal? jajaja, suena a locos pero YO LO HICE 😛
    – Austwitz: Te doy la razón con el tema de los festejos judios. Sin embargo, como te había dicho, me impresionó mucho, sobre todo la zona Menguele 🙁
    – Wawel: ¿Conoces la historia del dragón? Cuenta la leyenda que antiguamente se comía a las chicas vírgenes del lugar. Y así fue hasta que un apuesto caballero acabó con él 🙂

    – Otros: Espero que estés comiendo bien todos los platos recomendados, así como tomándote unas piwo sokiem malinowa a mi salud 😉 Me gusta muchísimo Polonia y ya hace tiempo que no me paso, así que me estás despertando envidia y a la vez, alegría, por leer lo que alguien cuenta sobre uno de los países que más me ha cautivado.

    ¿Viajas sola o con gente? Si quieres conocer a gente local, tengo amigos polacos en Cracovia y Wrockaw (los de Katowice están por el mundo adelante).

    Cuídate, loca! Y síguenos informando 🙂

    1. Si Eva, chupé la pared. Bueno, más bien me chupé el dedo que previamente había pasado por la pared. Y tampoco sabía tan salado… Ja ja ja. Lo de Auschwitz es más que comprensible, son muchas cosas, muchas historias, muchas impresiones. No sé, yo quería intentar ser ‘objetiva’ frente al campo y por eso me llevé la visita bien preparadita desde casa. Iba super mentalizada. Y, en cuanto al dragón, ¿Sabes que hay un montón de leyendas? A mi me gusta esa en la que el zapatero es quien mata al dragón, le hace a la princesa unos “bonitos zapatos verdes con su piel” y luego se casa con ella para que, durante su reinado, en realidad mandase más ella que el.

      Muchas gracias por la oferta amiguil. Hasta aquí he andado a mi libre albeldrío (a mi ‘wolna wola’ que se diría en polaco) pero en Warsaw ya tengo colegas. Es lo que tiene ser ex Erasmus y ex currante en UK: tienes amigos hasta debajo de las piedras.

      Por cierto, que sepas que esta noche me he tomado mi primer ‘pierogi’ y lo he hecho a tu salud. Un saludo, informando seguiré 😉

    1. ¿Progra-qué? Ja ja ja. Tenía ganas de venir a Polonia, encontré un vuelo, y en una semana estaba volando 😀 Y la verdad es que he tenido mucha suerte porque me está haciendo un tiempo fantástico. Hoy, ¡hasta me he quitado los guantes!

  3. Ay Cris que envidia me das, hija! Y otra cosas quería decir… EVA, CHUPASTE la pared? jajajajajajajajajaajja que me meo. Tu eres de las mías!!! Loca-Loca!! Me encanta!

    Bueno, Cris aquí nos tienes a unos cuantos esperando noticias tuyas!

    Un abrazo!

  4. Bueno, me he vuelto a poner al día!!
    Me ha encantado la historia del inglés borracho y del concierto del “notas”, jajaja, es que me parto con el relato!! Está guay descubrir nuevas cosas de Varsovia, que yo la tengo un poco pendiente porque la vez que estuve fue para ir a un concierto gratuito de Sting, fue sólo un día (con su noche) y no dio tiempo a mucho.

    De tocar con dedo nada de nada, jaja. Como dice tu colega Cristina, chupé pared directamente, que con el dedo se pierde textura, jajaja.

    Gracias por tomarte los pierogi a mi salud 🙂 Ya sabes que hay que volver con algún kilo demás: aún te faltan los maravillosos kluski slaskie, vigus y oscypek, ñam ñam!

    Disfruta!!

  5. Más vale tarde que nunca, ya esta requeteleído del todo!!

    Que envidia me has dado, si antes pensaba en viajar a Polonia en fechas con unas temperaturas más agradables, ahora con la lectura de tu cuaderno de bitácoras quiero sentir el frío polaco y pasear sobre un manto blanco. Aunqueee, creo que antes debería hacerme con un buen equipamiento térmico…jajaja.

    Un Saludo, niña.

  6. Muy interesante esta bitácora. He estado en dos ocasiones en Polonia la primera en Octubre (Tiempo aceptable :D), de ese frio que agradeces , la otra en Agosto (espectacular! que tiempo).

    Respecto al campo de concentración yo también pensé en ese tipo de cosas además de otras que creo que han sido ”eliminadas” pero tampoco quise comentarlo para no ser tachado de ”negacionista” , las heridas están muy recientes.

    Me están entrando ganas de visitar Varsovia , no se porque la gente dice ese tipo de cosas.

    pd: Soy muy fan de las plazas de ayuntamiento de Polonia, desde mi punto de vista no hay otra como Poznan!

    Jesús Martínez
    Vero4travel

    1. Hola, he leído divertida tus comentarios y observaciones. Soy polaca, así que “se de lo que hablas”, pero siempre resulta curioso leer sobre cómo un extranjero percibe tu propio país… 🙂 Algunas cosas sorprenden, piensas – ah, ostras, ¿lo ven así?… Yo llevo años viviendo en tu país, por lo tanto he podido tomar cierta distancia desde donde observar a Polonia, se podría decir que estoy a la vez dentro y fuera de ella, ¿me explico? Situación que me permite reaccionar con más desapego frente a alguna crítica o comentario “chocante”, o “injusto” (los polacos somos bastante sensibles con esas cosas). Me alegra un montón que te haya gustado el viaje y más aún en una temporada “para valientes” (¿¿montaste en bici?? loca loca loca…¿Por lo menos con neumáticos “de invierno”? 😉 ) Animo a todo el mundo que viaje a Polonia, para comparar los tópicos con la realidad y descubrir cosas que quizá no son tan populares y “de postal” pero puede que valgan la pena ser descubiertas ¡Un abrazo! Ariana

      1. Muchas gracias por tu comentario Ariana, ¡me ha encantado tanto como tu país! No pensé que me gustaría tanto pero sí. Muy especialmente Varsovia, una ciudad de la que me habían hablado bastante mal. De todas formas tuve mucha suerte porque, aunque hacía un poco de frío (entre cero y 4 grados calculo) tuve un montón de días de sol. Así que, ¿quién sabe? Lo mismo me sale un trabajo y acabo viviendo en Polonia. No me importaría nada 😀

  7. Os recomiendo tambien el norte de Polonia, donde esta el mar Baltico, las ciudades tales como: Gda?sk,Sopot. Tambien La region de los lagos glaciales, se llama Mazury (Noreste del país) es muy bonito en verano. Luego Varsovia la capital, y otras ciudades con mucha historia Wroc?aw, Pozna?, Szczecin, Malbork etc. Si os interesa el asunto de las minas podeis visitar la region ?l?sk (silesia). En invierno podeis hacer esqui (con mucha nieve) en las cadenas montañosas – Karpaty, Beskidy y Sudety por ahi hay muchas ciudades con muchos hoteles baratos y bonitos, donde podeis alojaros y pasar una gran estancia. En los Carpatos la ciudad numero 1 es Zakopane, mi novio es espanol y le gustó mucho, estaba flipando 🙂 En Polonia tenemos muchos sitios muy bonitos con mucha historia, que merece la pena verlo 🙂
    Saludos!!

  8. La verdad es que dependiendo del número de días uno puede ver más o menos. Yo recomendaría tu viaje, conozco bien Polonia pero si fuera la primera vez que iría haría el mismo viaje que has hecho tu.

    Enhorabuena y me alegro que lo disfrutaras.

    Saludos!

    1. Gracias Viajar a Polonia. La verdad es que aunque hace ya mucho tiempo de este viaje, lo recuerdo con muchísimo cariño. Polonia es un país que verdaderamente me encantó. Ojalá pueda volver pronto. Abrazo grande desde Noruega, @CristinaELozano

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