¿Te atreves a nadar en el Aguanaz del Balenario de Solares?

Sólo por sus dimensiones el Hidrópolis del Hotel Balneario de Solares impresiona. A tan solo 18 kilómetros de Santander te espera un enorme tanque de 850.000 litros de agua termal tratada con bromo –menos agresivo que el cloro– espera impaciente tu inmersión. Si tienes oportunidad no lo pienses y zambúllete en estas terapéuticas aguas a 34 grados de temperatura salidas del Manantial de Fuentecaliente e indicadas para tratamientos digestivos, metabólicos, antiácidos, antiinflamatorios, diuréticos y del sistema nervioso.

       Gracias a su tamaño (su diámetro supera los 25 metros) la piscina permite la natación, una experiencia muy agradable bañada por la luz que dejan pasar los inmensos ventanales exteriores que circunvalan su perímetro. Pero si estás vago no pasa nada, puedes disfrutar tanto o más probando los cuellos de cisne, las cascadas cervicales, las camas de hidromasaje, los chorros de distintas potencias, el jacuzzi central y la ría de flujo contracorriente que irás encontrando en distintos puntos del tanque.

Pero, para mi gusto, lo mejor de este complejo no es tanto la inmensa piscina en sí como el ‘recinto de agua fría’, a 24 grados (¡eso no es frío para alguien acostumbrado a zambullirse en el Cantábrico), que permite hacer un contraste de temperaturas, siempre recomendable para mejorar la circulación de la sangre.

Este se encuentra fuera de la sala principal y ha sido bautizado como Aguanaz en honor al río que, con este mismo nombre, fluye por la localidad cántabra de Entrambasaguas. Para que el cambio de 34 a 24 grados no sea tan brusco mete primero los pies en uno de los laterales pedregosos de este ‘río de colores cambiantes’, camina un poco y, cuando estés listo, bajas las escaleras y nada hasta la cascada del final.

El masaje del agua mineromedicinal al caer sobre los hombros no está nada mal. Una recompensa más que merecida para el fresquito que estás pasando y que, después de minuto y medio, no es para nada desagradable. De hecho la sensación de ‘frío’ se diluye progresivamente gracias a la belleza de la instalación y sus colorines –rojo, azul, verde, morado– que sucesivamente van variando la apariencia de la sala. ¡Atrévete a probarlo!

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