La Sagrada Familia, el Parque Güel y una desastrosa noche en Barcelona

Tan sólo contaba 18 primaveras cuando fui por primera vez a Barcelona. Eran mis primeras vacaciones sin familia, mi primer viaje, y elegí como destino la Costa Daurada por precio y objetivo: quería descansar tras un durísimo verano de curro. Buscaba sol, playa y cháchara. E ir a Port Aventura también. Pero sentía que no debía dejar pasar la oportunidad de visitar la ciudad condal así que cogí un tren y más rápido que deprisa me planté en el Paseo de Gracia (creo).

Billetes de tren a BarcelonaRecuerdo que estaba un poco preocupada. No sabía qué me iba a encontrar y, desde luego, no estaba acostumbrada a grandes ciudades (tenía 18 años, lo más lejos que había estado de mi casa sin papi y mami era Salamanca y fue con una excursión del instituto). Tenía tanto miedo a que me robaran que ni siquiera me atreví a llevar mi cámara, una analógica que me costó cuatro duros, ¡me compré una desechable! No pasaba nada, yo quería ver la famosísima ciudad de Barcelona.

¿Mi primera parada? La Sagrada Familia, un templo que aún sin terminar resulta a todas luces impresionante. Tanto su interior a medias como muy especialmente la vista que ofrece desde sus estiradas torres. ¡Una hora después de haber bajado aún me temblaban las piernas! Sin duda alguna mereció la pena pagar por el acceso.

Después pasee por Las Ramblas (creo), pasé ante la Pedrera (eso seguro), comí unas croquetas en un tugurio de mala muerte y acabé, como cualquier guiri que se precie, subiendo al Parque Güel que sí, también me encantó. Desde luego ese Gaudí era de lo más original. La de cosas bonitas que fue capaz de hacer poniendo unas piedrecitas aquí y unos cristalitos allá. Y eso que lo que hoy puede visitarse es sólo una pequeña parte del complejo urbanístico que él ideo. ¡Imaginad si lo hubiera hecho completo!

El caso es que por aquel entonces era yo (aún más) joven y del todo inexperta, y tenía lo que viene siendo un poco de pánico desmesurado a la ‘delincuencia que quiere robarte la cámara y la cartera’ pero eso no me impidió poner en marcha un plan magistral: quedarme toda la noche vagado por Barcelona para evitar así pagar un hotel. Iríamos de fiesta, nos darían las tantas y volveríamos a Salou en el primer tren de la mañana. Con un plan tan elaborado como ese, ¿qué podría salir mal?

PESADILLA EN LAS RAMBLAS

La cosa empezó bien. Una caña aquí, una copa allá, una jara de sangría en no sé dónde… Hasta que, como buenos pringaos, nos cerraron los bares y no supimos dónde ir. Decidimos entonces sentarnos en un jardincillo, creo que de Las Ramblas, y hacer tiempo hasta que amaneciera. Ver amanecer en Barcelona era un plan ideal, súper romántico, pero claro, con tanta caña aquí y tanta copa allá a mi acompañante le entró el sueño, ¡y se durmió!

Barcelona de noche - Wikimedia CommonsYo me quedé despierta como un búho, intentando en vano levantar al que por aquel entonces era mi chico. Nada, no había manera. Dormia como  un tronco. Había mucha gente, demasiada, y en aquellos tiempos muy rara para mi. Se me acercaban, me decían cosas, me intentaban vender latas (vender latas que sacan de un cubo, ¡qué ocurrencia! ¿Qué invento del demonio era ese? ¡Atrás!). Y yo no sabía qué hacer. Uno me dijo que me iban a robar. Igual me dijo otra cosa, igual me dijo que quería regalarme un millón de euros y un apartamento en la Barceloneta, pero yo entendí que me iban a robar. Lo que me faltaba, ¡me iban a robar! ¡Lo sabía! ¿Quién me iba a robar? ¿Me iba a robar él? ¿Me iba a robar otro? Daba igual. Lo mismo un señor de esos con cubos ya me había robado y yo ni me había enterado. ¡Qué miedo!

A duras penas conseguí despertar a mi acompañante que roncaba cual bella durmiente después de correrse la juerga padre. Empezaba a clarear. Lo arrastré hasta la estación de tren y esperamos en un banco la llegada del ferrocarril. Montamos en el primer convoy del día y salimos pitando. ¡Adiós para siempre señores que me queréis robar! Y chuparos esa, no habéis podido. Ja, ja, ja (risa malévola).

Desgraciadamente esos son todos mis recuerdos de Barcelona, una ciudad a la que le debo una visita en condiciones. Eso sí, la próxima vez buscaré un alojamiento para pasar la noche, ya sea la casa de algún amable colega, en un hostel de mala muerte, o un en un superhotel de lujo (si me toca la lotería o algo, ¿yo no tengo derecho a soñar o qué?). El caso es que yo no vuelvo a pasar miedo en la noche catalana, especialmente cuando seguro que ésta tiene miles de cosas que disfrutar.

Imagen Barcelona: Wikimedia Commons

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6 comentarios en “La Sagrada Familia, el Parque Güel y una desastrosa noche en Barcelona

  1. ¡Qué aventurillas! Yo eso de vagar la noche por ahí lo hice hace unos años en las Fallas, pero estaba todo controlado porque íbamos con un bus de la universidad y había mogollón de ambiente. Y la verdad que yo siempre he sido bastante tranquila en ese aspecto de los robos y no me preocupo mucho… Voy con cuidado, pero sin preocuparme.

    ¡Qué bueno! A saber qué te había dicho aquel señor jajaja, Un abrazo!

    1. Aunque me hubiera dicho “eres la chica más guapa de la ciudad y te quiero regalar un Ferrari” yo habría entendido “te van a robar” xD. En fin, queda como anécdota y lección aprendida: nada de vagar por ciudades gratuitamente (o, por lo menos, no sin informarse un poco antes de a dónde se va).

  2. Jajajajaj creo que lo que llamas Ramblas es Passeig de Gràcia (es la calle de la Pedrera y tiene un jardincillo).

    En Barna a las 3am se cierran los bares pero las discotecas quedan abiertas hasta las 5 o las 7h y entonces se va a un bar a comer churros, patatas o lo que te apetezca. Tendríais que haber preguntado a cualquiera. Jaja en fin otra vez será.

    Por cierto es Parc Güell y ahora la zona del drac y las columnas es de pago 🙁

    1. Pues seguro Aza, seguro que lo he puesto mal. Como ves no me enteré de nada en Barcelona. Estaba demasiado preocupada pasando miedo por las Ramblas o por el Passeig de Gràcia, no lo sé muy bien. La próxima vez que vuelva a Barna lo haré con un buen guía. Lo prometo 😉

  3. Me he reído imaginando la escena. Sobre todo al peligroso señor que sacaba latas de un cubo (que te quería robar), el que te dijo que te quería robar (que por supuesto te quería robar) y el conductor del tren de Salou (que también te quería robar, faltaría más).
    Gracias, de verdad.