Impresiones desordenadas de Florencia

De Florencia me gustó la compañía. Y esa cúpula roja que veíamos desde casi todos los sitios. Y los mármoles de colores, el espacio interior. ¿Por qué siempre me dejo impresionar por la altura?

Me encantó regatearle al señor de las bicis. Ma per qué!? ¡Ja! A ver que te pensabas majo. Y me gustó ir en bici, con cestita y todo. Otro sueño adolescente cumplido. Y el equilibrio del caos, hasta que se desequilibró. En realidad incluso entonces me pareció divertidoaunque, seguramente, al hombre que medio atropellé no le hizo tanta gracia. Primero creo que me odió, luego dijo algo de un culo. Prefiero no seguir especulando.

No me gustó el perro. Lo siento chucho, yo no quiero ser tu amigo. La “fiesta” en la cocina, ¡vivir para ver! Y me calló bien Lorenzo aunque me dijera cosas que no comprendía. Pero eso fue vuestra culpa bambinas. Y no, no fue lei. He dicho.

El café frente a la estación. No el café más pequeño del mundo, ese no. Qué estafa más grande. Pero que bueno estaba el de enfrente de la estación. Mmm… Que bueno si aquel sitio hubiera estado abierto toda la noche. Pero no, mucho mejor vagar a la intemperie cual Zacarías, vaya día. ¡Vaya noche!Just for the future: no dejes que dos desconocidos se sienten a tu lado en la estación, especialmente a horas intempestivas. Será el principio del fin. Luego pedirán besos. No se los des jamás. Utiliza técnica de distracción imaginativas.

Los chicos que asustaban a la gente en la plaza del Duomo. Y el mirador de los candados desde el que se veía el Ponte Veccio, donde unos señores nos regalaron varios litros de cerveza – ¿noruega? – que nunca bebimos. ¡Malditos lucatos! ¿Estamos todos locos o qué? Aunque aún llevo uno colgado de la mochila (y probablemente lo arrastre conmigo por media Europa). Marcelo fue todo un caballero. «Iros, iros. Yo me quedo – intentando abrir candaos con estas chicas tan majas -. Me lo estoy pasando muy bien«. Estos italianos…

Contemplar el atardecer sobre la cúpula desde lo alto de la colina, parar el tiempo, arreglar el mundo. Reflexionar. Una hora de paz y tranquilidad al año no me matará aunque probablemente ha dejado secuelas irreparables en alguna parte de mi subconsciente. No necesariamente dañinas. Aunque eso tampoco es seguro. Principio de incertidumbre. Está bien.

 Florencia, me gustó Florencia. O sole mio!

#POSTAMIGO

Florencia, diciembre 2010, por Caliope Viajes Vivencias

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