Hijas de la crisis

«Estaba dormida y no me daba cuenta, esto me ha despertado». Nunca olvidaré su lectura cuando aquella mediocre agencia de noticias la despidió tras años de trabajo en condiciones esclavistas. Marchó a Nueva York. Lleva allí varios años, y cuando de ciento en viento vuelvo a saber de ella siempre tengo la misma sensación: es feliz.

«Necesitaba tiempo para mi, para pensar, para conocerme». Por eso, tras años de aguantar porque ya vendrán tiempos mejores, decidió cambiar su lúgubre oficina por un refugio de montaña en la bota. Este verano vuelve a sonreír desde la tripa, y su voz tiembla de emoción ante un futuro por construir. Puedo sentirlo: es feliz.

«Bailar y coger, ojazos». Brindamos por su plan aunque un océano se interponga entre nosotras. No le ha ido bien, le ha ido mejor, como a toda luchadora que afronta la batalla con la actitud adecuada. Ya no hay tango de la muerte que se le resista, ni milonga que no intuya que llegado el momento será una madre excelente. De nuevo igual: es feliz.

Podría estar horas hablando de mujeres que nacieron en los 80 y a las que como a mi el destino tenía reservada una crisis económica y de valores brutal. Mujeres que se han plantado ante un sistema espartano y le han dicho «hoy no». Mujeres que abren el menú y le piden al mundo lo mejor, que no piensan conformarse con sus sobras.

Y en esas estamos, mas despiertas que nunca, y yo como ellas le pido a la vida que no me encadene a una mesa por un salario ridículo. Que me permita seguir riendo a carcajadas, bailar como si nadie me estuviera viendo, y hacer el amor como si no hubiera un mañana. Que me de yoga, cocos, y hogueras. Cascadas, fiordos, y auroras boreales. Sol, arena, y mar. La noche, la luna, y las estrellas. Un par de zapatos rojos, más vino, y más fresas. Y una hamaca. No necesito más.

Así que no intentes servirme té de ayer querida vida, no lo bebo. Dame troncos mejor, que yo me encargo de hacerlos fuego para seguir escribiendo calentita. Eso es en este momento todo lo que quiero, lo que pienso seguir haciendo esté en España, Noruega o Tailandia.

Mercado vikingo de Gudvangen (Noruega)

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4 comentarios en “Hijas de la crisis

  1. Brutal el artículo Cristina! Has tocado muchos puntos sensibles… y tienes la razón. Yo me fui de España en busca de un futuro mejor y lo encontré… Y soy muy feliz! Nosotras podemos!

  2. Aqui española escribiendo desde las dunas de Erg Chebbi!
    Si se quiere se puede! se puede cambiar de vida! se puede frenar y vivir a otro ritmo… se puede uno reinventar a pesar de lo recorrido y aprendido.
    Enhorabuena por el post! por muchas mas que se unan al cambio 🙂
    Abrazo!

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