Graffiti, música, bicis y globos aerostáticos, ¡así es el verano en Bristol!

Pocas ciudades en Inglaterra pueden presumir de tener una vida cultural tan intensa como la de Bristol y, además, de relativo buen tiempo. Graffitis, música, galerías de arte, festivales, rutas ciclistas y cientos de globos aerostáticos esperan a todo aquel que se anime a pasar por la ciudad de Bansky durante los meses de verano. ¿Quieres saber más del lugar que vio nacer a Massive Attack y Portishead? Pues sigue leyendo.

Uno puede acabar en Bristol como turista, como exiliado o como estudiante de inglés. Si lo hace en julio, ¡enhorabuena! Llega justo para el Carnaval de Saint Paul que, en 2013, se celebra el sábado 6. Sin duda una de las mejores fiesta de la ciudad que, durante una jornada, llena las calles de ritmos africanos y caribeños. Bailes, tambores y mucho colorido para hacer las delicias de todo aquel que se anime a participar.

Pero no solo de cháchara puntual vive el hombre. Aunque uno no ande por la ciudad de Cary Grant en julio encontrará siempre arte en grandes y pequeñas avenidas, muy especialmente en forma de graffiti. Curiosea los murales de Strokes Croft, St Werburghs y Gloucester Road, entre otros, y no te pierdas los bajos del barco The Thekla cuando bajes al  muelle. Allí encontrarás una pintada de muerte realizada por Bansky, aunque ni mucho menos esta es la única obra que el artista urbano dejó en esta su ciudad. En el barrio deEastville encontrarás al Gorilla in a Pink Mask y en Park Street un Naked Man colgando de una ficticia ventana.

Si tienes suerte y el sol te acompaña no dejes de relajarte en el puerto. Para ello no se me ocurre un lugar mejor que las afueras del M Shed (Princes Wharf / Wapping Road), un sitio donde podrás tomar algo con los pies descalzos colgados sobre el agua, muy cerquita del Arnolfini (16 Narrow Quay), un centro cultural por cuyas salas han pasado ya cientos de artistas contemporáneos. Dos lugares para disfrutar, inspirarse, ¡y sorprenderse! Y, además, de entrada gratuita.

Pero si hay algo que merece la pena contemplar desde esta preciosa ubicación es el International Balloon Fiesta, un evento que desde 1979 llena los cielos de Bristol de miles de globos aerostáticos. Este año se celebra entre el jueves 8 y el domingo 11 de agosto y atrae a tanta gente que, desde 2004, las autoridades se han visto obligadas a cerrar el Puente de Clifton para evitar accidentes. Las campas cercanas a este impresionante puente colgante también son buen lugar para ver los artefactos voladores, y la estructura diseñada por Isambard Kingdom Brunel en 1831 un hito que si o si tienes que acercarte a admirar.

¿Te gusta el jazz? Entonces no te pierdas el Old Duke (King Street), un garito en el que la música en directo no deja de sonar una sola noche a partir de las 21:00 horas (ni los domingos desde las 12:30 horas). Jazz y blues en vivo de muy buena calidad regado por litros de cerveza (desde 3,30 libras la pinta), plan perfecto para cualquier noche con independencia de la estación. ¿Otro bar?  A mi me encantó el Duke of York, en Jubilee Road número 2. Si pasas por allí saluda a la rana que bebe cerveza de mi parte.

RETRO SHOPPING

Si eres de los que adoran los artículos vintage te alegrarás de pasar por Bristol que, por cierto, está a tres horas cortas de Londres (con los autobuses Megabus ir de una ciudad a otra te costará entre 4 y 7 libras). Recorre con tranquilidad Gloucester Road y descubre todo lo que RePsycho, Rooted Records y Billie-Jean Clothes, entre otras, tienen que ofrecerte. A no ser que tengas un presupuesto muy pequeño. Entonces no te recomiendo pasar por allí pues te quedarás con muchas ganas de comprar.

No te pierdas el Pero’s Bridge (y los bares de alrededor donde, por la noche, los ingleses se emborrachan como si estuvieran en Salou), ni Queens Square, ni la catedral, ni la Torre de Cabot, ni Brandon Hill, y aprovecha para hacerte un picnic en Saint Andrew’s Park si no te llueve. Todas estas cosas las encontrarás en cualquier guía turística o, simplemente, según vayas paseando por la ciudad.

Si te gusta la bici te interesará saber que existe un sendero muy bien señalizado para ir hasta Bath, un precioso enclave victoriano con unas termas romanas muy bien conservadas (la entrada a estos baños no es barata pero merece la pena hacer el esfuerzo, la puesta en escena es magnífica). Un agradable paseo de unas 15 millas creo recordar, sin cuestas ni coches alrededor, asequible para cualquier ciclista urbano y/o ocasional. La ciudad en la que se rodó Skins no te dejará indiferente.

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