De Bangkok al hospital, o cómo esta mochilera acabó en una camilla

Cuando viajo al extranjero procuro mantenerme tan lejos de los hospitales como sea posible. En los últimos diez años creo que solo una vez he pasado por una consulta médica estando en otro país y fue porque realmente no hubo más remedio. Si lo puedo evitar, de centros de salud fuera ni oir hablar, ya me busco yo mis apaños y aguanto el tipo como sea hasta volver a España.

Esta vez en Tailandia me ha sido imposible. La madrugada del miércoles desperté con un dolor de muelas infame donde una vez se hizo un empaste que casi seguro tenía que haber sido endodoncia. Me tomé un antinflamatorio y recé para que se pasara solo. Nada, no hubo suerte. A las seis horas otra vez el pinchazo insoportable en la mandíbula y la presión en el oído.

Tan grande era el dolor que a mediodía del jueves ya estaba llamando al seguro (bendito seguro, ¡gracias papá!) que en realidad no me cubre gran cosa por ser una historia de dientes (¿os pensáis que yo quiero tener una caries profunda que me triza un nervio en vez de un catarro?). Ese mismo día su contacto en el país me arregló una cita en un tal BNH Hopsital para el viernes por la mañana con un médico llamado Sakchai, que no doctor Nick.

BNH Hospital. Bangkok. Tailandia

Tras pasar una noche tranquila y madrugar para echar una carrera por el Lumphini Park, me he puesto el mejor de mis vestidos para ir al BNH Hospital de Bangkok, según mi amiga Pat “un buen sitio, un poco caro”.

Las palabras de Pat han cobrado sentido tan pronto he puesto un pie en el umbral del vestíbulo del centro de salud . Nunca jamás en mi vida he estado en una clínica tan pija. El hall del BNH Hospital se parece más a un balneario de lujo que a un lugar de gente enferma. Lámparas de cristal en el techo, un mar de sillones de cuero en cada sala de espera y esculturas barrocas en uno de cada tres rincones. Ninguna de las recepcionistas, todas mujeres por cierto, llevaba menos de cinco centímetros de tacón. Los de la enfermera de recepción, vestida con un elegante traje blanco que seguro ha despertado más de una fantasía, probablemente doblaban esa altura. En vez de una mochilera con dolor de muelas me he sentido una rockstar.

BNH Hospital. Bangkok. Tailandia

Desde el minuto cero se han desvivido por atenderme, todo en inglés. He rellenado trescientos mil cuestionarios y me han pasado a un salón muy acogedor donde esperar mi cita junto al resto la jet set tailandesa. Sobre las once me han presentado al doctor Sakchai (¡por fin!), un hombre de unos cincuenta en cuya consulta sonaba el Sound of Silence de Simon & Garfunkel. “Por lo menos tiene buen gusto musical”, he pensado. Empezamos bien.

UNA MOCHILERA EN LA CAMILLA

El médico me ha hecho tumbar y me ha mirado primero. “Nada chiquilla, a simple vista tu boca está en orden pero si dices que te duele tanto te hago una radiografía”. Me han puesto un delantal de plomo, me han metido en una máquina y me han retratado la boca. Nada, todo aparentemente bien. “Ya si, pero a mi me duele un huevo, y ahí tuve una caries que bla, bla, bla”, le he explicado al hombre. ¡Anda que iba a venir yo al dentista si no fuera nada, en otro país, en otro idioma! Eso se lo he dicho también, se ha reído mucho.

Su sugerencia ha sido limpiar la zona a fondo y, si después de eso me sigue doliendo, pasar a hacer una endodoncia. “El precio de la limpieza a fondo -en un cuarto de la boca- son 3.500 baths (casi 80 euros)”, me ha comentado cuando ya estaba a punto de empezar. “Nada, dele, qué le vamos a hacer”. Entonces me ha pinchado la encía, la verdad que muy bien, y ha sacado petroleo de debajo de mis dientes.

BNH Hospital. Bangkok. Tailandia

Cuando todo ha terminado Mr Sakchai me ha despedido con una sonrisa, me ha dicho que cruce los dedos y me ha invitado a pasar por caja. Efectivamente, en la parte principal del gran hall de entrada del hospital de las estrellas hay un mostrador enorme que pone cashier en el que las cajeras en lugar de cajas registradoras tienen Macs. Mi cuenta ascendía a 5.558 baths (unos 130 euros): 1.000 por la radiografía, 200 por la consulta, y el resto por todo lo demás. ¡Ah! Y 88 por un Listerine con mi nombre que me han dado en una bolsita biodegradable divina de la muerte.

POR FAVOR QUE TODO ESTÉ ARREGLADO

Mientras escribo estas letras aún tengo media boca dormida. Cruzo los dedos como me dijo el hombre para que cuando despierte no vuelva el dolor. Si no tendré que volver para hacerme la dichosa endodoncia que no me hicieron en su día. En esta clínica de Tailandia, apostaría que de las más caras de la ciudad, una endodoncia cuesta entre 12.000 y 15.000 baths (entre 270 y 340 euros). En fin. Gajes del oficio. Qué le vamos a hacer. Al menos no tengo malaria ni me he roto una pierna. Que todos los males sean así.

De esta historia me llevo la certeza de que en esta vida todo tiene arreglo menos la muerte, aunque estés en el quinto pino. Eso y que encía en inglés si dice gum, que Bob Dylan suena mejor cuando a una no le hurga la boca un tailandés, y que en Bangkok la sanidad está de cine, especialmente si puedes pagarla.

BNH Hospital. Bangkok. Tailandia

Viaja en mi Mochila en directo a través de  Twitter,  FacebookInstagram y YOUTUBE. Si lo prefieres, suscríbete al boletín mensual y recibirás la información más relevante por e-mail una vez al mes. Todas y cada una de las opciones son válidas, gratuitas y contribuyen a que esta web pueda seguir generando contenidos. Apúntate, ¿a qué esperas?

10 comentarios en “De Bangkok al hospital, o cómo esta mochilera acabó en una camilla

    1. No, de momento nada grave Jario. Podría quedar en una anécdota. Ya he comido sólido y, aunque tengo la boca doloríada por el santo raspado que me han hecho, el dolor de la muerte no ha vuelto. Espero que no sea que el nervio aún sigue dormir por la anestesia. Veremos a ver como evoluciona la cosa este fin de semana… ¡Abrazo grande viajero!

    1. Ja ja ja. Como eres Carlos. De momento lo que he pagado me lo cubre el seguro así que no hace falta meneo, de hecho ya he tenido suficiente con el de esta mañana. ¡Espero no tener que volver al médico en lo que me queda de viaje!

  1. Yo también estuve en ese hospital. Un lujazo y unos profesionales. A mi me tuvieron que quitar una uña del dedo gordo del pie el primer dia que llegue a Bangkok. Visita a la piscina, tropiezo y uña al viento. Durante la “operación” tuve al médico y tropecientas enfermeras con su trajecito a mi alrededor. Bueno, las que hacían el trabajo no iban tan monas.

    Lo que yo encontré muy caro fueron las medicinas más que el tratamiento. En fin, una experiencia más por el S.E. asiatico.

Deja un comentario