Cuando la aurora boreal te hace una oferta que no puedes rechazar

Cristina E. Lozano. Aurora boreal. Dia 1. Playa. Tromso. Noruega. Febrero de 2018

Para mi, la aurora boreal nunca fue una de esas cosas que hay que ver una vez en la vida. Para mi, la aurora boreal fue al principio una ilusión, una luz rara, verde y escurridiza que busqué con ganas mis primeros días en Noruega, sin importar lo al sur que estuviera. Recuerdo cómo se emocionaban las mariposas de mi estómago al ver las estrellas aparecer, al aprender de KPs, al escuchar a mi amigo Yves hablar de noches que yo imaginaba borrachas de colores. Pero con el tiempo, la magia se transformó en una suerte de obligación, y la aurora boreal en algo que tenía que hacer porque en algún momento de absurda tozudez me prometí que no me iría de aquí hasta que la viera. Y yo quería irme, sabía que debía abandonar esta ciudad, aunque nunca pensé que podría hacerlo tan pronto.

Por eso subí a Tromsø con nocturnidad y alevosía, a última hora y a lo loco. Subí a Tromsø a buscar esa aurora boreal que me diera permiso para marchar llegado el momento. Y la vi. ¡Vaya si la vi! Vi la aurora boreal en Tromsø una, dos, tres, cuatro, y hasta cinco veces. Algunas auroras fueron increíbles, otras una castaña. Vi auroras boreales sobre el mar, entre las montañas, entre los edificios, entre las grúas de construcción, sobre un lago helado, sobre senderos de nieve, sobre antenas fluorescentes, sobre un carrito que vendía falafel y mientras bajaba de un furgón policial. Y así, tres noches, dos tarjetas de crédito extraviadas y varias auroras boreales después, mi cuenta pendiente con las luces del norte que no quisieron saber de mi ni en Kirkenes, ni en Honningsvåg, ni en Cabo Norte quedó saldada. Y así, permitía al universo darme permiso para marchar. Para seguir. Para viajar a otros puertos, a otros retos, a donde el sol salga más de una vez por semana y la lluvia no visite una media de 260 días al año.

Cristina E. Lozano. Aurora boreal. Dia 2. Febrero de 2018. Tromso. Noruega._

Con todo, no era mi intención marcharme de Bergen a corto plazo. Mi plan era idear una estrategia a medio mientras seguía completando mi lista de ‘cosas que quiero hacer en Noruega’. Porque yo también tengo una lista de cosas que quiero hacer en Noruega, ¿qué os pensáis? Y es una lista larga, que una es curiosa y tiene muchas preguntas, y cuanto más conoce, más quiere ver y saber y explorar, y otra cosa no, pero Noruega está llena de lugares impresionantes a los que no hay fotografía que haga justicia.

Pero esa lista no se va a completar, al menos no de momento. Mi lista se va a quedar a medias porque cuando menos te lo esperas va la vida y se pone patas arriba sin preguntar, porque con la aurora boreal vino también una de esas ofertas que no se pueden ni se quieren rechazar. Una oferta con la que últimamente fantaseaba de más, pero que no pensé que se haría realidad. Nunca. Nunca creí que podría decir esto, y no os hacéis a la idea de cuanto significa para mi: vuelvo a España, vuelvo a casa.

Quedan 30 días. Empieza la cuenta atrás. Y de momento, hasta ahí os puedo contar 😉

SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PROBABLEMENTE TE GUSTEN…

Si no te hace feliz, déjalo ir – Correr para no volverse loca 

Sobre viajes y saltos mortales

Mi última postal desde Tailandia – De qué hablo cuando hablo de bailar

Ver la aurora boreal es fácil (si sabes cómo) 

¿Te vienes al sol conmigo vía Facebook, Twitter o Instagram?

4 comentarios en “Cuando la aurora boreal te hace una oferta que no puedes rechazar

  1. Wow! Quiero saber sobre esa oferta! Seguramente traiga más aventuras! Te sigo desde Argentina, mucha suerte en esta nueva aventura! Saludos!

Deja un comentario