Confesiones de una vegetariana (un año después de hacerse vegetariana)

Frutas baratas Ibiza vegetarianos

Hace un año, mi editora favorita me pidió un artículo sobre festivales de comida vegana. Yo la dije que qué me estaba contando, que cómo iba a escribir yo de eso si era más carnívora que un oso polar. Le dio igual. A raíz de ese artículo me propuse vivir una semana sin comer carne. Tenía mucha curiosidad y ninguna intención de hacerme vegetariana, solo quería saber cómo me sentiría y si podría hacerlo (estaba convencida de que no). Entonces escribía: “No soy vegetariana, nunca lo he sido y nunca pensé que podría si quiera plantearme el serlo. Yo, que soy capaz de acabarme sola un chuletón de kilo medio crudo. Yo, que no comía la patata que había tocado el pimiento. Yo, que no probé una ensalada hasta que fue mi única escapatoria a las verduras de verdad. ¿Vegetariana yo? ¡Venga ya!” .

Heme aquí un año después para contar que tras leer mucho, escuchar mucho, probar mucho y cuestionarme muchas cosas, soy vegetariana por principios y ética animal y que, además, me siento fenomenal, tanto mental como físicamente 😀

Plátano en Formentera - Ibiza

Del año que llevo sin comer ningún animal (porque ser vegetariano significa no comer ‘carne’ de ningún animal, de ningún ser vivo con independencia de su procedencia), lo más difícil no ha sido dejar de comer carne, pescado y marisco. ¡Fue facilísimo dejar de comer carne, pescado y marisco! Y es curioso, pero ni lo echo de menos (salvo en contadas ocasiones y siempre en un contexto social, más adelante lo explico con detalle) ni lo siento un sacrificio. Lo siento una elección libre, porque lo es. Unos eligen entre carne o pescado, otros entre carne, pesado o verdura. Ya está, fin de un drama que no existe.

Mejor aún, a nivel de salud me encuentro mucho mejor que hace un año. Como muchísimo más sano porque estoy mucho más atenta a que no me falte ni un nutriente (cosa de la que no me preocupaba cuando era omnívora). En mis últimos análisis de sangre, ¡todos los indicadores están perfectos! Me siento más fuerte y veo claramente que mi cuerpo está mejor, aunque en esto seguro que también influye el que hace dos años dejé de fumar y el haberme vuelto más deportista. Y, por si esto fuera poco, he aprendido un montón de nutrición (aunque todavía me queda mucho que aprender), he descubierto nuevos alimentos y nuevas recetas. Ahora como muchas verduras y frutas frescas. ¡Mírame mamá! ¡Cómo verduras y frutas! ¡Yo sola! ¡Sin que nadie me obligue! 😀

Qué lleva el desayuno de Usuahïa (Ibiza)

‘PROBLEMAS’ DE SER VEGETARIANA

Hasta aquí todo lo bueno. Ahora, tengo que decir que ser vegetariana no ha sido un camino de rosas. Resulta incómodo a mucho niveles. Desde un punto de vista práctico y del día a día, es incómodo tener que mirar la composición de los alimentos ingrediente por ingrediente para ver que no haya ninguno de origen animal ‘muerto’. En mi caso, además del rollo de tener que leer cada composición para ver que no hubiera nada de origen animal ‘muerto’ se sumó el tener que leer esa composición, ¡en noruego! Porque empecé a ser vegetariana en Noruega. Hace la compra se convirtió en una Odisea máxima.

Era mucho más fácil ir al supermercado y coger cosas sin tener que preocuparme de la composición, cosa que es un error seas o no vegetariano. ¿Habéis visto cuánta información hay de los alimentos en sus etiquetas? Fijaros la próxima vez y tomaros vuestro tiempo antes de comprar una cosa u otra porque tanto a vegetarianos como a no vegetarianos nos intentan colar una de porquerías… Como decía un par de párrafos antes, ahora como mucho más sano y es también en parte porque leo las etiquetas de los productos que compro, porque me preocupo de qué lleva la comida que me como. En realidad, esto deberíamos hacerlo todos y todas si queremos comer sano, sin o con animales.

Desde un punto de social, ser vegetariano es incómodo porque te hace diferente al resto del grupo. De hecho, para mi sin duda alguna lo más difícil de ser vegetariana ha sido contárselo a mis seres queridos. Me costó muchísimo decirle a mi familia que era vegetariana porque tenía la sensación de que les decepcionaría, de que les podría incluso molestar. Valoré seriamente fingir no ser vegetariana estando con mi familia y amigos, en cenas y eventos varios (tipo Navidades, bodas, etc.) para no molestar, para no dar que hablar, para no tener que dar explicaciones ni discutir, para tener a fiesta en paz. Qué hacer a este respecto fue para mi todo un dilema. Después de darle muchas vueltas, concluí que siendo vegetariana no estaba haciendo nada malo ni nada de lo que tuviera que avergonzarme y que si no podía ser yo misma con los de casa, si no podía contarle a mi familia y a mis seres más queridos que era vegetariana, apaga y vámonos.

Le dije a mi familia que era vegetariana justo antes de Navidad, la primera vez que volvía a verles y a comer con ellos después de haber pasado de una dieta omnívora a una vegetariana. No os voy a engañar, fue raro y nadie daba un duro por mi. “Veremos cuando esté todo el embutido en la mesa lo vegetariana que eres”, dijeron. No les culpo, de verdad que yo era muy, muy carnívora. Igual tenían razón, igual con el embutido en la mesa yo no era tan vegetariana como me pensaba… Pero no. Estas Navidades descubrí que a la mesa yo no sufro porque otros coman embutido y yo no. Yo no como animales porque no quiero, porque de verdad me siento mejor así, pero respeto que otras personas si lo hagan y no pretendo que nadie deje de hacerlo. Cada uno es libre de decidir qué come y qué no. Pero como digo, para mi no comer animales es una elección libre y me siento muy agusto con ella. Así que no sufráis por mi, que yo no sufro 😉

Mejor paella vegetariana de Ibiza

A modo de anécdota os diré que de todas las cosas ricas que no pude comer en Navidad la única que me dolió un poco fue un polvorón. No pude comer ese polvorón concreto (que no cunda el pánico, luego comí otros) porque llevaba manteca de cerdo. Creo que me dolió porque no me lo esperaba. Maldito polvorón traicionero 🙁

El caso es que hoy toda mi familia y mis amigos saben que soy vegetariana. Te toca aguantar chistes y, con más frecuencia de la que te gustaría, argumentos y comentarios cuñaos, pero podemos seguir comiendo y siendo felices juntos, no pasa nada, el mundo sigue girando. Mención especial a mi familia cercana, que siempre se preocupa de que cuando les visite haya algo vegetariano para mi. Al final, todo tiene arreglo con frutas y verduras, ¿qué clase de familia protestaría porque sus hijos quieran comer frutas y verduras? 😉

¡Ah! Y he descubierto que ser vegetariano es un superpoder en la mesa, concretamente el superponer de acabar con cualquier discusión por encarnizada que sea. ¿Que se monta un drama sobre religión, política o fútbol? ¡Quita pa acá! Dices: ¡Ey! Soy vegetariana, no como jamón serrano ni del mejor criadero de Huelva. Silencio absoluto, fin del conflicto religioso-político-futbolístico 😉

El tiempo de las cerezas

EL ‘DRAMA’ DE COMER FUERA SIENDO VEGETARIANA

Ligado a esto, la otra cosa que aún se me hace un poco cuesta arriba de ser vegetariana me ocurre cuando voy a comer fuera con alguien. Aunque no es difícil encontrar opciones vegetarianas para comer (en el peor de los casos, en cualquier restaurante tienen para hacer una tortilla francesa o una ensalada de lechuga, tomate y zanahoria), si que se vuelve un poco raro el compartir, porque yo no puedo compartir contigo el chuletón que te vas a comer, ni las gambas al ajillo, ni la sartenada de setas con jamón. ¡Pero podemos compartir unas patatas bravas, una tabla de quesos o una parrillada de verduras! O puedo comerme yo mis verduras y tú lo que tú elijas para ti, no es problema, para mi de verdad que no lo es. Pero si es que es verdad que a veces yo me siento incómoda cuando voy a comer con gente porque siento que los limito aunque, en realidad, yo no limito a nadie. Como mucho me comeré un tortilla o no comeré nada, pero nunca se me ha ocurrido decirle a nadie hasta ahora “ey, vamos a comer aquí en vez de allí porque yo no como carne”. Como digo, seguro que hasta en la sidrería más carnívora de Donosti tiene huevos para una tortilla o unas hojillas de lechuga para apañarte una ensalada.

Por otra parte, los platos vegetarianos casi siempre son bastante más baratos que los no vegetarianos (una ensalada suele costar la mitad que un chuletón o que una paella de marisco), así que pagar a escote se me hace un poco faena. La verdad es que a este respecto estoy muy de acuerdo con la costumbre noruega y alemana de que cada uno se pague lo suyo. Así, cada persona puede pedir realmente lo que quiera. Igual tú te quieres comer una langosta y yo unos pimientos rellenos y oye, ni tu tienes que pagar lo mío ni yo lo tuyo y ninguno tenemos por qué privarnos de lo que nos apetece. Pero bueno, eso es otra discusión. Al menos en mi caso de momento, aunque me resulte un poco incómodo (confieso, no voy a mentir), estoy dispuesta a asumir el seguir pagando a escote aunque yo gaste menos. Tampoco voy a salir de la ruina dejando de compartir gastos aunque siempre me toque palmar pasta. Yo no discuto por dinero, especialmente cuando entiendo que no hay mala intención -no es que quieran que yo pague más, simplemente no se dan cuenta o se despistan-: prefiero ser pobre y tener amig@s que al revés.  

Parata en Nueva Delhi (India)

Para cerrar este capítulo de confesiones vegetarianas os contaré que una de mis primera noches en Ibiza me invitaron a la inauguración de un restaurante. El sitio era así como muy caro y muy pijo, y durante el acto de apertura había alcohol a discreción y un montón de canapés con una pinta fantástica, casi todos no vegetarianos. Recuerdo que una amiga a la que adoro me preguntó “pero, ¿por qué te privas de comer todas estas cosas ricas?“. Estuve un buen rato dándole vueltas a la pregunta porque es vedad, mi amiga tiene razón, tenía que estar todo buenísimo y yo no tengo necesidad de privarme, yo elijo privarme.

He tenido la suerte de nacer en un lado del mundo donde se puede conseguir de todo, donde no tenemos que privarnos de nada, pero ahora que sé por qué nosotros podemos tener todo eso, ahora que soy consciente de dónde viene y cómo se produce, en muchas ocaciones no estoy de acuerdo y no quiero formar parte de ello. Por eso me privo. Me privo porque no me parece justo ni bien que para que yo disfrute otros tengan que sufrir, porque no disfruto si soy consciente de que otro está sufriendo para que yo lo pase bien, con independencia de que sea humano o animal.

Por eso me privo y por eso no me cuesta hacerlo, o no mucho, desde luego mucho menos de lo yo que esperaba. Y por eso, un año después, entiendo que quería decir  Aida Lídice (Begin, vegan, begun) con el “ahora duermo mucho mejor”. Hoy me siento muy en paz siendo vegetariana e intentando hacer todo lo que puedo por cuidar nuestro planeta, aunque eso implique hacer esfuerzos y renunciar a cosas. Hoy empiezo a pensar que, como dice Lucía Martínez (Dime qué comes), “no está el mundo para no ser radical” 😉

Cristina en el fiordo de los Sueños (Noruega)

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20 comentarios en “Confesiones de una vegetariana (un año después de hacerse vegetariana)

  1. Bravo vegetariana, por la decision y por el relato, pero, de verdad un huevo no es una forma de ser vivo? No se está matando una vida comiendo un huevo? Y, pregunto, las plantas del reino vegetal no son también seres vivos?. Saludos….

  2. B R A V O.

    Suscribo cada palabra.

    Yo llevo también casi 1 año en este mundo del vegetarianismo (estos meses en un 90% veganismo) y nadie me ha puesto una pistola en el pecho para que lo haga ni tampoco molesto a nadie.

    Yo di el paso al cuestionarme por qué otros lo hacían y, sobre todo, al viajar es imposible no darse cuenta del sufrimiento de los animales. Como digo, a mí el mundo, cuanto más lo conozco, más me duele. Desde que viajo cada día mi círculo de empatía se ha vuelto más grande. No solo me duelen las diferencias sociales o la contaminación, me duele ver a los animales sufrir, la mayoría de los casos por llevarnos algo que supuestamente está más bueno al paladar porque, como dices, no lo necesitamos, por mucho que otros no lo entiendan.

    Dejar de comer animales muertos en su totalidad es jodido no porque no puedas probar ese jamón tan “rico”, sino porque tienes que reinventarte y aprender a comer, algo que de verdad antes no sabíamos hacer. Yo también me siento más sana y más fuerte y, sobre todo, sé a ciencia cierta que como mejor que antes. No en vano, he engordado xD

    Y aquí, sin ser talibana, sí que deseo que más gente empiece a cuestionarse su alimentación, no solo por el sufrimiento animal, que es mucho e innecesario, sino por salud (la cantidad de hormonas y mierdas varias que hay ahora en la carne y el pescado por la forma de producción masiva que estamos haciendo) y por el medioambiente. Porque sí, porque nos cargamos el mundo y solo tenemos uno. Para mí, ser vegetariana o vegana o lo que sea (que no me gusta ponerle etiqueta) es querer más al mundo.

    Ale, vaya chapa.

    Olé tú por escribirlo 😀

    ¡Te veo con una paella vegetariana!

    Besooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

    1. Por cierto, yo también era de las que decían: “¿yo vegetariana? ¡con lo que me gusta la carne”. No en vano, escribí en un blog de hamburguesas durante varios años y comía unas 5 a la semana.
      Y ahora me enfado conmigo misma cuando pienso que yo decía eso. Un vegetariano o vegano no deja de comer carne porque no le guste, sino por una razón más allá y profunda que eso. De hecho, puedo decir que a mí me encanta el sabor de la carne y aún más el del queso, puedo comerlo, pero no quiero. Así que la excusa de dejar de hacerlo porque te gusta mucho, no vale. No lo haces porque no quieres 🙂

    2. Me ha gustado mucho la forma en que cuentas el porqué has dejado la carne, porque me pasa exactamente igual. Como le puse en el facebook, ser vegana era mi camino ya que cuanto más vivo y crezco, más lo siento todo al extremo, más me duele todo, animales, personas, medio… Yo no dejé todo por que no me guste el sabor, porque el queso está jodidamente bueno, pero no me sentía bien conmigo misma. Tengo a mi entorno contento, vegana, zero waster, recogiendo todo bicho que encuentro, viajera ??. A mi lo que me pasa ahora con tantos frentes abiertos y tanto descubrimiento, es que me digo “cómo no empecé antes, no es tan difícil” y el hecho de poder defender mis acciones e ideas sin tener miedo, me hace sentir super orgullosa de mi misma 🙂

      1. ¡Creo que me está pasando lo mismo Sara! Yo he empezado siendo vegetariana -que penaba que no podía serlo- y poco a poco, pero creo que al final estamos advocados al veganismo o casi. De hecho, no tomo leche (fue lo primero que quité), como muy pocos huevos y siempre los de las gallinas más felices que encuentro, y queso sí que como pero, igual, cada vez menos.

        Creo que la historia es que cuando empiezas a ser consicente de la violencia (en animales, en personas, etc.) todo cambia. Entonces decides (o no) ponerte las pilas con la alimentación, el consumo, el reciclaje, etc. Y, después de experimentar mucho, leer mucho y debatir mucho, entonces llega ese día en el que te sientes orgullosa de ti misma, de vivir así y de defender tus ideas.

        A mi tampoco me gustan las etiquetas, pero creo que también hay que quitar miedo a las palabras. Soy vegetariana, no soy el demonio. Ya está.

        Un abrazo enorme y, ¡muchas gracias por leerme!

    3. Me ha encantado tanto tu comentario que lo he vuelto a leer. Y al hilo de los tiempos, recuerdo perfectamente cuando tu empezaste a hacer público que no estabas comiendo carne porque nos pasó a la vez, a la vez de la misma semana y pensé “ya es casualidad”. La verdad es que para “las influencias”, cercanas y lejanas, han sido muy importante. De hecho, en mis escritos de aquella semana tenía este párrafo:

      “De un tiempo a esta parte y cada día con más frecuencia me encuentro con gente muy respetable que me cuenta que ha abrazado en mayor o menor medida el vegetarianismo y/o el veganismo. Personas muy diferentes con un denominador común: son buenos, bonitos y sensatos, intentan ejercer un consumo responsable, no tienen un pelo de tontos y, desde luego, parecen sanos. Gente que, como yo, pone en cuestión un modelo de producción alimenticia altamente contaminante en el que se trata a los animales de forma exageradamente cruel. Así que con la excusa de escribir un artículo sobre festivales vegetarianos y veganos que nunca fue mi idea, me puse a investigar un poco, a buscar respuestas para algunas preguntas. Algunas las he encontrado, otras no”.

      Tu estabas entre esa gente 😉

      ¡Un abrazo enorme lechuguita!

  3. SIempre he estado interesado en este tema, pero nunca he llegado a saber cómo conseguir información (me refiero a saber equilibrar la dieta en ausencia de carne), un saludo!!!

    1. ¡Hola Francisco! Pues hoy en día hay un montón de sitios donde informarse. Te recomiendo el libro ‘Vegetarianos con ciencia’ de Lucía Martínez (Dime qué comes blog y en Instagram), es un gran comienzo; y seguir a Aitor Sánchez (tiene unas charlas en YouTube fantásticas). Esas dos personas son unas máquinas en el tema y explican todo muy bien. ¡Suerte!

  4. Hola Cristina!

    Es lo primero que te leo… Y la verdad es que me ha gustado bastante. Yo sigo siendo 100% carnívoro, pero hay ciertas cosas que cada vez me cuestan más.

    Me has hecho pensar bastante sobre lo de ser vegetariano, y quizás algún día lo pruebe.

    Un abrazo!
    Javi

    1. ¡Hola Javier!

      Primero muchas gracias por leerme y, segundo, te entiendo perfectamente. Yo también era 100 por 100 carnívora, carnívora de chuletón a la piedra casi sin pasar, pero luego empiezas a ser consciente de cómo se producen esas cosas… Y ahí viene “hay ciertas cosas que cada vez me cuestan más”. Es que te entiendo perfectamente.

      De todas formas, yo creo que lo importante es que cada uno detecte y analice esas cosas que le hacen sentir mal y que las intente arreglar. Por ejemplo, mi primera toma de conciencia fue con un edredón. Me quise comprar el mejor edredón del mundo y no sabía si tenía que ser de plumas o sintético. Intenté informarme y, sin querer, vi de donde venían esas plumas. Ahora, para mi el mejor edredón del mundo es sintético y nunca volveré a comprarme nada de plumas en mi vida…

      Pero bueno, se trata de intentar, dentro de lo posible, contribuir a que este mundo sea mejor. Unos dejan de comer carne, otros reciclan, otros dejan de consumir plástico… Cada uno lo que pueda en la medida que pueda o quiera 🙂

  5. Yo creo que todos hemos dicho alguna vez eso de “ufff, yo no podría”, pero todo es proponerselo y dar el paso y contarlo. Me ha encantado lo del pagar a escote y las costumbres noruegas o alemanas, porque yo que no bebo alcohol siempre palmo por lo mismo…
    Me parece genial que cuentes tu experiencia desde el principio por si alguien se ve en la misma situación 🙂

    1. El ejemplo del alcohol y pagar a escote es perfecto y, de hecho, es peor el tema del alcohol que el de la comida vegetariana. Yo me acuerdo que una vez, en una mesa de 10 personas, quisieron que pusiéramos todos 20 o 40 pavos cuando yo me había solo tomado, ¡dos Coca Colas! Me pareció muy fuerte así que les di el dinero de mis Coca Colas y nunca más. ¡Venga hombre! Te voy a pagar yo 40 euros! (Creo que eran 40).

      ¡Un abrazo!

  6. Me ha encantado tu post! He dejado de comer carne y como un poco de pescado y a veces se me hace difícil l, sobre todo explicarle a la gente. Ya no me imagino las explicaciones que tendrás que dar a lo largo del día. Enhorabuena por este artículo y tú forma de vida!!! ????????

    1. Yo también empecé así, dejando de comer carne y, ‘cuando había que comer carne’ comía pescado pero al final sentía que mi argumentación no era coherente (¿por qué pescado sí y carne no? ¿Es que los pescados no sufren? Etc, etc, etc. ¡Qué te voy a contar). Creo que lo importante es que tu estés a gusto con lo que decides y, si tu te sientes bien así, así esta bien para ti. No consumiendo carne ya estás ahorrando un montón de sufrimiento animal y dejando de contribuir a la contaminación del planeta de una forma muy considerable. todo suma 😉 ¡Un abrazo!

  7. Hola! me ha encantado lo que has escrito,yo llevo 2 años siendo vegetariana y estoy planteandome ser vegana. lo que has comentado del huevo, es verdad que no es un ser vivo pero la gallina de la que ha salido por muy en libertad que haya estado o muy bien que haya sido alimentada, ha sido utilizada por el ser humano para nuestro consumo, con lo que no seguiría la etica en contra del maltrato animal, y lo mismo con los lacteos o con la miel. Lo que quiero decir es que nuestra conciencia como vegetarianls en realidad está mas tranquila que la de alguien que come carne perl no libre del todo porque seguimos utilizando a los animales

    1. ¡Hola María! Qué bien que lleves ya dos años de vegetariana y te estés planteando ser vegana 🙂

      Entiendo lo de la gallina, lo de la leche y lo de la miel. No era mi intención entrar en tanto detalle, pero no tomo miel prácticamente nunca -quizá en algún postre de rebote- porque muchas abejas mueren cuando se abren las colmenas para sacar la miel; no tomo leche (es lo primero que quité, normalmente tomo leche de arroz, es la que más me gusta); y huevos cada vez consumo muy pocos, siempre de ‘gallinas felices’. Lo de los huevos también lo hacía así antes ser vegetariana, concretamente desde que fui consciente de cómo se conseguían los huevos.

      Respecto a lo de las conciencias tranquilas sí, tienes toda la razón. Pero yo creo que lo importante es que cada uno, dentro de lo posible, contribuir a que este mundo sea mejor. Unos dejan de comer carne solo los lunes (¡pero eso ya es una mejora!), otros se harán veganos, otros reciclarán, otros dejarán de consumir plástico… Cada uno lo que pueda en la medida que pueda o quiera. Y, sobre todo, creo que es importante destacar lo bueno que se hace que lo malo que se sigue haciendo porque nunca vamos a poder hacerlo todo bien. Asi que poco a poco y a intentar hacerlo lo mejor posible cada uno dentro de sus limitaciones.

      ¡Un abrazo !

  8. Muy buen artículo..Enhorabuena.Hay que ser valiente para cuestionarse los habitos de toda una.vida..sólo puntuar,dado que tus motivos son entre otros la ética animal,como ya han apuntado antes,la leche y los huevos,aunque pudieran considerarse finalmente un producto,en vez de un animal en sí,en ellos hay tanto o más sufrimiento como en el filete..sabrás encontrar facilmente información sobre estas industrias.no hace falta que me extienda más.un saludo!

    1. ¡Hola Silvia! Como le decía a María arriba, y aunque no era mi intención entrar en tanto detalle, soy perfectamente consciente de lo que implican los huevos y la leche. De hecho, no tomo leche (es lo primero que quité, normalmente tomo leche de arroz, es la que más me gusta); y huevos cada vez consumo muy pocos, siempre de ‘gallinas felices’. Lo de los huevos también lo hacía así antes ser vegetariana, concretamente desde que fui consciente de cómo se conseguían los huevos.

      Como le decía a ella también, creo que lo importante es que cada uno intente hacer las cosas lo mejor que pueda y no tanto echar en cara a los demás si no hacen esto o lo otro. Que cada uno se mire a él mismo en vez de a los demás y vea lo que puede mejorar. Para uno será dejar de comer un día a la semana carne y para otro será dejar de comer animales o hacerse vegano o activista antiplástico. El caso es encontrar la forma de hacer de este un mundo mejor o, por lo menos, de no estropearlo más.

      ¡Saludos!

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