La pequeña odisea de llegar a Teblinka

Vaya por delante que el campo de exterminio de Treblinka no es precisamente un sitio turístico, quiero decir, que dentro de Polonia no es un lugar que no te puedas perder, un must see que diría una viajera pija. Con todo el respeto del mundo, el Disneland de los campos de concentración y exterminio es Auchwitz-Birkenau, un enorme complejo de la muerte que a diario recibe miles de personas, muchas de ellas judías. En Auchwitz hay información, hay guías que si quieres te sueltan el rollo, hay ambiente. En Treblinka no.

Judíos con banderas de Israel posando para una foto en Auchwitz-Birkenau

El campo de exterminio de Treblinka está situado a unos 100 kilómetros de Varsovia y fue mi visita capricho del viaje. Descubrí su existencia a partir de una investigación sobre el país y, leídos varios testimonios terribles y vista la poca información que encontré sobre el lugar, decidí acercarme a conocerlo en persona. Manías de periodista que necesita ver las cosas con sus propios ojos supongo. De historiadora quizá. Puede que una combinación de las dos.

El caso es que estando en Polonia no quería dejar escapar la oportunidad de visitar un emplazamiento que muchos dicen debiera ser el punto central del recuerdo del Holocausto (Davies, 2008) en lugar de Auchwitz-Birkenau, pues en el fueron asesinadas casi el mismo número de personas en menos de la mitad de tiempo y su única función era matar (a diferencia de en Auchwitz que, efectivamente, mató mucho, pero no fue concebido con ese fin exclusivamente).

Billete de tren Varsovia - Malkinia

Por supuesto para visitar Treblinka huí de los tours de guiris organizados como de la peste. Yo voy por libre, como siempre.  Me compré un billete de tren a Malkinia, la estación de ferrocarril más cercana y, tras una hora y media o quizá un poco más, me encontré en el pueblo donde debía tomar un autobús que me acercara hasta la puerta del campo. Y aquí empieza lo bueno.

EL AUTOBÚS DE MALKINIA A TREBLINKA

A la salida de la ruinosa y semiabandonada estación de Malkinia no hay una parada de autobuses con un neón que ponga por aquí al campo de exterminio de Treblinka. De hecho, apenas había civilización. Caminé hasta la carretera general. Ni rastro del neón, ni del autobús, ni de taxis pero, ¡oh! Una tienda, casi con toda seguridad LA tienda. Entré al comercio.

Estación de tren de Malkinia

Decir que me daba apuro preguntar en Malkinia cómo ir un campo de exterminio que tenían a tiro de piedra y en el que 70 años antes se había asesinado a un mínimo de 700.000 personas es decir poco. ¿Y si la tendera tenía familiares que habían ignorado este hecho? ¿Y si alguno de los clientes tenía parientes que perecieron o torturaron allí? ¿Cómo se dice ‘dónde para el autobús al campo de exterminio’ en polaco?

Pero no había opción. Tenía tres horas para llegar al lugar y volver, pues en tres horas salía mi tren de regreso. Me armé de valor y pregunte en inglés lo más suavemente posible, muy bajito. Ni idea. Pregunté en francés, cara de desconcierto. Pregunté en castellano, sonrisita de qué me estás contando niña. Pregunté en italiano, sin respuesta. Maldición, ¿por qué el polaco es tan difícil? Lo único que entendí o creí entender es que si caminaba en la dirección que me señalaban nueve kilómetros podría llegar a mi destino. O igual solo me lo dijeron para que me marchara de la tienda. Qué se yo.

Evidentemente en tres horas no me daba tiempo a ir, venir y ver el lugar. No soy vaga para andar, pero tampoco maratonista. Además hacía frío, estaba nevado y, no mentiré, la idea de caminar junto a una desolada carretera a cuya vera se había deportado a cientos de miles de personas inocentes hacia una muerte segura me ponía mal cuerpo. Decidí que había que buscar otra solución.

Comencé a caminar hacia por el pequeño pueblo, en direccion opuesta a la que me había indicado. Encontré un autobús que iba hacía donde yo quería. No lo pensé dos veces, levanté la mano y lo paré en mitad de la carretera. Desconozco si las cosas se hacen así en Polonia pero el autobús paró. Las dudas me asaltaron de nuevo. ¿Y si el autobusero tuvo familiares en el campo? ¿Y si alguno de sus parientes pereció o torturó allí? ¿Cómo se dice ‘usted va al campo de exterminio’ en polaco? Da iguaba igual, no había tiempo. Treblinka? pregunté con una sonrisa de no haber roto un plato en la vida. El autobusero gritó que no y cerro la puerta. Mi gozo en un pozo.

AUTOSTOP NO, GRACIAS

Ya solo me quedaban dos horas y media para recorrer nueve kilómetros de ida, nueve de vuelta y ver el campo de exterminio, lo único que se me había perdido en mitad de la campiña polaca. No había rastro de autobuses ni de nada que pareciera que podía llevarme hasta allí. Hacer autostop es una idea de deshecho, muy especialmente si voy sola como era el caso. Ante todo seguridad y parar a un coche polaco en mitad de una localidad marcada por la desgracia que maneja un idioma que me es ajeno lo que es seguridad me aporta más bien poca.

Parecía que había llegado la hora de aceptar que a algunos sitios no se puede ir por libre ni a lo loco. Entonces, justo cuando estaba a punto de darme por vencida, ¡apareció un taxi! Igual era el único taxi de la ciudad o igual no, el caso es que fue ver el coche blanco de aquel hombre e iluminárseme los ojos. Y ahí que me subo, era mi última oportunidad de visitar el campo, take it or leave it.

Una vez en el coche toda mi obsesión fue fijar el precio del trayecto porque tampoco estaba yo para despilfarros. Además tengo como norma fiarme de los taxistas lo mismo que de los políticos, osease, nada. Mi máximo por un viaje de ida y vuelta eran 30 euros que, para esa zona de Polonia, era más que suficiente según datos de Internet. El taxista hacía aspavientos como de no te preocupes y yo quería hablar con él pero claro, ¿cómo se dicen cosas en polaco? Mi gran dominio del idioma se limitaba a buenos días, gracias, prostituta, coño, vagabundo que bebe cerveza y soy domadora de delfines. ¡Fantástico! Las palabras más útiles del mundo para salir de cualquier situación.

Pero tenía una libretita, ¡ajá! Y la libretita sirvió para que el taxista y yo nos hicimos amigos y concretáramos que 20 euros ida y vuelta era una cantidad razonable para los dos. Quedamos en una hora. Me vendría a recoger exactamente donde me dejó, a la sombra de los autobuses de turistas que visitan regularmente el campo de exterminio. Vamos, a la puerta. Por si acaso me dio una tarjeta con su número de teléfono. Superútil, seguro que nos hubiéramos entendido la mar de bien por el aparato. Pero no era momento de ponerse pesimista. Contra todo pronóstico había conseguido llegar, ¡viva! ¡Viva!

Campo de exterminio de Treblinka

El campo de exterminio de Treblinka no era en absoluto como me lo esperaba. En realidad, no sé muy bien lo que me esperaba pero, después de haber pasado por Auchwitz-Birkenau supongo que algo más. O al menos algo. Todo lo que hay allí es simbólico, los vestigios de algo real son ínfimos, salvo el precioso claro abierto en el bosque que, en marzo de 2013, aún se encontraba seminevado. Las explicaciones de cualquier tipo brillaban por su ausencia, salvo las que puedes conseguir del librillo de un euro que venden en la garita de turismo o quizá de pago de entrada, lo desconozco, a mi nadie me pidió un céntimo y yo desde luego no se lo ofrecí.

Lo único que tienen en común los dos campos de la muerte más importantes de Polonia es que en ambos hay judíos que corren de un lado para otro alegremente hondeando la bandera Israelí, un comportamiento que a día de hoy me resulta incomprensible aunque seguramente sea porque lo comparo con otras situaciones nacionales. Quiero decir, lo último que esperaba de un lugar en el que se ha matado a cientos de miles de judíos era ver en el judíos contentos, igual que no imagino encontrar a un socialista con una bandera republicana haciendo un picnic sobre una fosa común de la Guerra Civil. No sé, como que no lo veo, pero quizá es porque se me escapa algo, seguro que si. Que oye, que me alegro que la gente sea feliz en cualquier situación de la vida, por surrealista que a mi me parezca.

PERDIDA EN UN CAMPO DE EXTERMINIO

Mapa del Campo de exterminio de Treblinka

El caso es que iba yo toda concentrada con mis planos de palu y mi cámara de fotos, haciendo esfuerzos para que no se me cayeran las orejeras e intentando que la nieve no me dejara ciega, más feliz que un regaliz porque había podido llegar, cuando me di cuenta de que, en realidad, allí no había gran cosa que ver. Así que mi feliz idea fue rodear el perímetro del claro del bosque por fuera, siguiendo los mojones que lo señalan, intentando llegar a otro lugar más interesante. Y a eso me pongo hasta que la nieve comienza a llegarme casi a la rodilla. No, no, hasta que de repente me giré y no sabía dónde demonios estaba, rodeada de huellas por todos lados. ¡Horror! ¡No te puedes perder en este lugar! ¡Qué mal rollo! ¡El taxi! ¡El tren! ¡Argggg…!

Así que con mis planos, mi cámara, mis orejeras y los ojos medio cerrados para evitarme reflejos volví sobre mis pasos haciendo equilibrios para no resbalar. Llegué al aparcamiento et voilà! Ahí estaba mi taxista salvador, listo para llevarme de vuelta a la estación.  En su andén esperé el tren que me devolvería a Varsovia entre los gritos de curva de los chavalillos (entre ellos, no me entiendas mal). Después de todo algo si que sé de polaco, pensé. Abrí el libro y comencé a leer.

(*) NOTA: Mi recomendación es que no visites el campo de exterminio de Treblinka por hacer algo. Si no tienes tiempo, no tienes ni idea, no tienes un duro o las tres a la vez me parece una auténtica absurdez. En Varsovia encontrarás mil sitios mucho más interesantes y desde luego mejor explicados. Esta visita es para hacerla preparado y sabiendo qué esperar de ella. No obstante, yo si que la repetiría porque a pesar de ser pobre como una rata, era rica en ideas y, sobre todo, en tiempo. De hecho, mi paso por Treblinka me aportó bastante más que el de su pariente de Cracovia, pero como ya has podido leer soy una persona con una forma de vivir las cosas un tanto peculiar.

Campo de exterminio de Treblinka

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3 comentarios en “La pequeña odisea de llegar a Teblinka

  1. Esta muy interesante tu post.- Y la manera de llegar, que aunque por libre lo has logrado.- Quizas te hablo desde mi ignorancia este campo de concentración fué destruido por los propios sobrevivientes apenas fueron liberados, aunque en esa destruccion se hayan perdidos datos históricos relevantes… pero con ello han enterrado un dolor que no se podrá describir nunca.- En Dachau (primer campo) cercano a Munich ocurrió lo mismo, pero a diferencia de éste hay reproducciones y un museo.- Los de los chicos judios que te has cruzado seguramente eran estudiantes, y como todo joven estudiante de paseo (aunque visiten un cementerio) sean de equis nacionalidad, no perderán su sonrisa, yo tengo ascendencia judía y desde Israel constantemente se suelen organizar viajes para los estudiantes, puedo asegurarte que para nuestro pueblo todo esto es muy doloroso e irreparable.- Te envio un fuerte abrazo viajero

    1. Muchas gracias por tu aporte Alejandra. Hasta donde yo he leído, las hueyas de Treblinka las borraron los nazis y los rusos y os aliados después poco hicieron por recuperarlas. Como aquello era campo de exterminio y no de trabajo (el campo de trabajo era mínimo) a penas quedan testimonios.

      Respecto a lo de los ‘chavalitos judíos que paseaban alegremente’ no es una cosa que vi solo aquí, también lo observé en Auchwitz (en Auchwitz de hecho el fenómenos es mucho mayor). Me pareció muy interesante y me sorprendió infinitamente. Pero igual es que yo soy muy seria 😉

  2. QUE BUEN PASEO Y DE VERDAD ESPERABA ALGO MAS DE TREBLINKA ME DA PENA QUE NO HAGAN UN MUSEO O ALGO, DEBE SER POR LO DOLOROSO QUE FUE TODO, BUENO CON TODO GRACIAS POR LA RECOMENDACION Y SIGUE VIAJANDO Y ENSEÑANDO UN GUSTO

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