Cómo hacer que tus fotos de viaje no den ganas de arrancarse los ojos

Lo siento. No puedo más. No es que me den envidia vuestras fotos de playas paradisiacas, de copazos a la luz de la luna, de termómetros con mercurios subiendo cual cohete al espacio. No tengo nada contra el contenido de vuestras instantáneas. Al contrario, me alegra saber que sois felices y que el verano sigue existiendo en alguna parte del mundo. Lo que me duele, lo que me abrasa la vista sin remedio, es lo mal que retratáis vuestros viajes.

Habrá quien diga que no es fotógrafo y, por tanto, no tiene por qué hacer buenas fotos; y habrá quien ni siquiera se de cuenta de lo horripilantes que resultan sus imágenes y, queriendo o sin querer, insista en taladrar la cabeza a sus contactos con ellas. A unos y otros os digo que no hace falta ser fotógrafo para tomar una instantánea digna, digna de compartir y digna de atesorar como recuerdo. Como todo o casi todo en la vida, sacar una foto decente es cuestión de mezclar un poco de atención con una miaja de gusto. Aplica este cóctel fruto del sentido común y notarás los resultados de inmediato.

A veces ocurre que algunas personas tienen problemas para prestar atención o el gusto escorado un poco al lado, concretamente al lado que queda justo debajo de la espalda. Si este es tu caso no te angusties, tiene arreglo. Lo que tienes que hacer para que tus fotos de viaje no den ganas de arrancarse los ojos es seguir las tres premisas que vienen a continuación. Podrás hacerlo, ¿por favor?

Indígena rezando en Guatemala (Centroamérica)

1. EL HORIZONTE SIEMPRE ES RECTO. Recto. RECTO. ¿Dónde has visto tú un horizonte torcido en la vida real? En ningún sitio salvo que te hayas caído, estuvieras borracho o saltando de un avión. Y, ¿sabes por que? Porque el horizonte es recto. Recto. RECTO. Y si por un casual no consigues retratar el horizonte recto (en serio, no es tan difícil, prueba, ya verás qué fácil), hay miles de aplicaciones gratuitas con las que enderezarlo. El editor de casi todos los móviles trae la opción enderezar por defecto, así como Photoshop, Lightroom y la mayoría de programas fotográficos de edición. Tardarás un segundo en corregir la inclinación de tu horizonte y, como premio, obtienes un maravilloso horizonte recto. Todos ganamos.

Puede darse el caso de que uno quiera hacer algo artístico y tuerza el horizonte, que lo tuerza en un ángulo tan bestial que quede claro que la foto es artística (o lo intente). Bien, pase, pero sacar el atardecer con un horizonte inclinado veinte grados no es artístico, es el horror. El horror, el horror horrible. Dicho de otra forma: cada vez que publicas una foto con un horizonte inclinado muere un gatito. Sobre tu conciencia pese.

Atardecer en el JP Resort (Koh Phangan, Golfo de Tailandia)

2. EL SOL NUNCA A LA ESPALDA. Si uno tienen intención de hacer un retrato de lo que sea (de sus pies, de su caipiriña, de su novio, de su abuela, de ese libro que no se va a leer, etc.) nunca puede dejar que un sol de justicia se coloque tras ese lo que sea. De ser así (sol atrás, lo que sea delante de espaldas al sol, cuando saques la foto tú -el fotógrafo- tienes que estar de espaldas al sol), el protagonista de la foto quedará más negro que un grillo o, en otras palabras, el protagonista de la foto quedará subexpuesto. Lo ideal –aunque aquí estoy dispuesta a aceptar opciones más creativas, aunque tiemblo solo de imaginar su resultado– es que el sujeto a retratar tenga el sol de frente. Así el sol ilumina sujeto y paisaje de fondo y los dos, sujeto y paisaje, en principio quedan claros y definidos.

Ahora, si te vas a poner cara a un sol de justicia mejor que lo hagas con unas gafas de sol para evitar salir con los ojos cerrados o peor, con cara de estar comiendo limones. Pero bueno, aun en ese caso –ojos cerrados, cara de estar comiendo limones o las dos– al menos sabremos que eres tú y no tu versión churruscada. ¡Ojo! Quiero que quede claro que estoy totalmente a favor del churrusco como técnica artística, pero no como práctica habitual e inconsciente para inmortalizar un momento viajero.

Amanecer en la Torre Eiffel. París (Francia)

Mención a parte merece el uso del flash, tema que daría para muchos artículos y que, por su complejidad, no es momento de abordar. Quédate con que el flash del teléfono móvil no sirve para mucho si estás a más de dos metros de distancia del sujeto a retratar, así que quita la opción de flash automático porque en la mayoría de los casos no sirve para absolutamente nada. Es más, en situaciones normales el uso del flash da un aporte extra de luz tan feo como inquietante. El flash en el móvil si no se sabe utilizar no suele traer nada bueno, sobre todo si se intenta grabar video. El flash y el video de entrada mal, muy mal.

3. QUE NO TE SALGAN COSAS DE LA CABEZA. Si, si, cosas de la cabeza. Has leído bien. Cuando tomes una foto estate atento primero al horizonte, segundo al sol, y tercero al resto de elementos que van a integrar la composición. Pocas cosas quedan peor que una farola o señal de tráfico saliendo de la cabeza de alguien. Así que por favor, cuidado con los elementos verticales porque pueden jugar muy malas pasadas y conseguir que una imagen prometedora acabe siendo desagradable, ridícula o ambas cosas.

(*) BONUS FOTERO: Evita las fotos de comida, son una apuesta demasiado arriesgada. Un estudio que me estoy inventando ahora mismo asegura que el cincuenta por ciento de las fotos de comida subidas a Internet parecen más vómito que comida y solo sirven para revolver el estómago al personal. De hecho, el mismo estudio que me acabo de inventar apunta que las imágenes de comida horripilantes podrían ser una de las principales causas de cáncer cerebral, especialmente para el que realiza su visionado. Según el documento imaginar aún no publicado, quien toma dichas instantáneas no tiene que preocuparse por el cáncer, pero si por la de méritos que está haciendo para conseguir una plaza en lo más hondo del infierno.

Surprise Wild Strawberries from the fiord. Norway.

Hasta aquí esta lección de fotografía básica que, en realidad, es innecesaria para quien ponga atención, tenga gusto o cierto sentido común a la hora de tomar una foto. No hablaré esta vez de la utilización del palo selfie sobre el terreno, ni de que se intuya o se vea en una foto porque me parece razón suficiente para terminar una amistad de forma fulminante. El palo selfie es el horror, el horror en su máximo exponente, una herramienta tan infame que solo pueden haber ideado las mentes de Satán, Donald Trump y el señor que inventó el despertador juntas. Si por mi fuera el palo selfie no existiría.

Vaya, ya lo he dicho. Tú veras lo que haces a partir de ahora con tus fotos de viajes y con el dichoso palito selfie (y los horizontes, y los quemados, y las farolas saliendo de miembros de tu cuerpo). Recuerda siempre que pensar es útil, delante y detrás de la cámara.

Koh Phangan (Golfo de Tailandia)

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