10 razones para ir a la playa de Laredo

Siete kilómetros de blanca arena fina se me antojan razón más que suficiente para visitar la playa Salvé de Laredo, ubicada en  Cantabria, exáctamente a 48 kilómetros de Santander y a 56 de Bilbao, todos y cada uno de autovía. No obstante, si necesitas más razones para acercarte a conocer este largo enclave costero te regalo diez más. ¡Ahí van!

1. No hay que madrugar para coger sitio. Como la playa es enorme siempre encontrarás un hueco para la toalla. Para la tuya y generalmente para otras siete más. Eso sin tener que buscar apenas nada. Si te apetece puedes plantarte sobre la arena a eso de las tres de la tarde y seguro que tienes lugar. Es más, dada la gran cantidad de espacio que hay no te será difícil huir de los niños jugueteando, de los adolescentes con la música a todo trapo, o de los ejércitos de maruj@s de cháchara que no dejan a uno descansar, echar la siesta ni leer en paz pero que, como uno, tienen todo el derecho del mundo a estar en la playa. Por suerte en este arenal hay sitio para todos. ¿Veis como el tamaño si importa?

2. Ahogarse al bañarse resulta casi imposible. Como la playa es muy planita hay que caminar mucho para llegar a algún lugar en el que no se haga pie, especialmente si la marea está baja. No obstante, que el terreno sea uniforme y que haya un montón de puestos de socorristas dispuestos a salvarnos en caso de necesidad no significa que haya que bajar la guardia, sobre todo si no se conoce la zona o se está en la parte del Puntal (donde existen corrientes y no es raro ver remolinos). En las playas del Cantábrico al bañarse hay que tener siempre precaución. Pero nada de asustarse, la playa de Laredo es probablemente una de las más seguras de Cantabria. De hecho al menos el 90 por ciento de las veces hay bandera verde.

3. Está permitida la práctica de deportes. En Laredo siempre podrás jugar a las palas y, en condiciones de bajamar, hasta dibujarte tu propio campo de fútbol. Si te gusta el voley todos los veranos se colocan puestos con redes y pelotas de disfrute gratuito (encontrarás uno junto a la Cruz Roja y otro a la altura del Snack Bar, puede que más). Si te gusta el surf pero no tienes ni idea esta es una playa ideal para comenzar porque es muy facilita (aunque en verano hay pocas olas); y si eres amante del kitesurf o de la vela acércate a la zona entre Pinos y el Puntal (hacia el final del arenal viniendo desde el centro del pueblo) donde los vientos generalmente pegan con más ganas. Para los runners es una especie de paraíso, especialmente a primera y última hora del día.

4. Las vistas son inmejorables, mires donde mires, te pongas donde te pongas. A tu derecha quedará una pequeña montaña que lleva el nombre de Atalaya a cuyos pies descansa el Puerto Deportivo de Laredo. Tras de ti montañas, edificios, parques y un larguísimo paseo con carril bici . A la izquierda, al otro lado de la ría del Asón, podrás ver Santoña y su consistente monte Buciero. Podrás ver el mar y la montaña tumbado en la toalla. ¿Qué más se puede pedir?

5. Está cerca de casi todos los puntos del pueblo (con excepción del barrio de La Pesquera, muy residencial, poco o nada frecuentado por turistas). Estés donde estés siempre te encontrarás a cinco minutos de la playa andando como máximo. Perfecto para combinar un día de visita a la puebla vieja, la Atalaya y el Túnel por ejemplo con una sesión de sol y baño.

6. No está lleno de chiringuitos que no respetan la ley de costas. De hecho, dentro de la playa no hay ningún bar. Nada de que preocuparse si te gusta tomar las rabas a medio día, un helado por la tarde o una cervecita al caer el sol. Encontrarás garitos muy cerca (a cinco minutos andando) ya estés en la zona de la Cruz Roja, el Pescador, el Snack Bar, Ever o el Puntal.

7. Es ideal para pasear porque, ¡tiene 7 kilómetros! Puede que alguno más si uno se anima a dar la vuelta por el Puntal. Si este es el caso te espera un coqueto embarcadero propiedad del Club Náutico de Laredo. Desde allí, si te apetece, puedes cruzar a Santoña a bordo de una lanchita (al precio de uno o dos euros, el trayecto dura sólo unos minutos). Eso sí, si vas a llevarte al perro de excursión hazlo atado para evitar multas (aunque la playa esté desierta).

8. Hay columpios para niños en la zona de la Cruz Roja (junto a la primera bandera, la más cercana al centro del pueblo) y, muchas veces, cuidadores. Los padres y madres pueden dejar a sus hij@s a buen recaudo mientras se toman una horita de vacaciones. Eso sí, ¿qué sería de un verano sin los peques? Aprovechad para jugar con ellos haciendo castillos, hoyos y piscinas que para eso los tuvisteis.

9. Tiene un montón de dunas que, en caso de viento, permiten el cobijo de los locos por el sol. Ahora, dunas no hay infinitas así que, si quieres pillar una, tendrás que andarte vivo. ¡Suerte!

10. Las puestas de sol son preciosas. Si te gustó la playa durante el día espera a verla al caer el sol. Si para entonces Laredo aún no te enamoró lo hará ahora a golpe de tonos naranjas, rosas y rojizos que irán oscureciendo el paisaje hasta dejarlo cubierto por estrellas (si la noche queda despejada). ¿Imaginas contemplar este espectáculo desde el agua? Mejor oportunidad no vas a tener. Atrévete a terminar el día a remojo, mecido por la banda sonora del Cantábrico.

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